Juan Pablo Russo
16/10/2011 18:01

Diego Corsini debuta en el cine con una comedia romántica protagonizada por Felipe Colombo y Sabrina Garciarena. Solos en la Ciudad (2010). Estrenada el pasado jueves, cuenta la historia de una pareja que entra en crisis luego de asistir a un casamiento. El joven realizador habló con EscribiendoCine sobre su relación con el género y el eterno dilema entre público y crítica: "Es terrible enfrentarse a comentarios donde destrozan la película y otros donde les fascina".

Solos en la Ciudad

(2010)
8.0

Contanos donde tiene se génesis Solos en la Ciudad
En realidad fueron muchos los disparadores que se confluyeron para que naciera Solos en la Ciudad.

Tenía un objetivo claro: quería hacer una película. Cuando estaba por recibirme tanto en la UBA como en la ENERC, empecé a escribir mi primer guión de largometraje. Ese proyecto fue creciendo mucho, pero desgraciadamente en esa época los costos crecían aún más. Es por eso que, tras unos años de lucharla, me di cuenta que el camino ya no era cuesta arriba, sino que directamente era una pared resbaladiza. Así es que tras el proceso de aceptación de que ese no era el momento de aquel proyecto, en lugar de bajar los brazos, focalicé en generar un proyecto "viable" (esa palabrita tan usada por los productores sobre todo).

Sabiendo las posibilidades presupuestarias que tendríamos, empecé a pensar en alguna idea que pudiera explotar al máximo los escasos recursos que podríamos llegar a tener sin que eso jugara en desmedro de su calidad artística y técnica. Casi como un ejercicio, me planteé hacer un largo que en su mayoría fuese todo en exteriores y sobre todo que se apoyara en escenas muy trabajadas desde lo dramático y desde lo actoral. De este modo, si no lográbamos conseguir ayuda del INCAA, igual la podríamos realizar con recursos mínimos, con amigos, filmando los fines de semana, sin necesitar mucha infraestructura. Al salir el apoyo del Instituto, estas cuestiones que facilitarían el rodaje, pasaron a complicarlo. Si filmás los fines de semana con amigos, un día llueve y lo pasás al siguiente. Al tener un equipo numeroso contratado, tenés que hacer todo de corrido y si llueve, necesitás un backup en interiores o suspender esa jornada, con todos los costos que eso implica. Ya con esa premisa, la uní con una imagen que tenía grabada en la cabeza desde hace mucho tiempo: Amanecer en Costanera, una parejita joven desvelada decide ir a ver el sol salir por el río antes de irse a dormir tras una fiesta de casamiento.

Y el último pero probablemente el más importante disparador fue la idea general de la peli: reflexionar sobre qué es vivir en pareja, qué es el amor, la fragilidad y fortaleza de estos dos conceptos y cómo se puede pasar de un momento maravilloso donde todo parece funcionar perfectamente a que tras una pequeña pero intensa discusión, en tan sólo 10 minutos, todo eso que parecía seguro pasa a estar en riesgo. Con estas ideas me senté con Sebastián Botticelli, quien inmediatamente se entusiasmó y así es que comenzamos el proceso de escritura del guión.

¿Es una película autorreferencial?
Sí y no. Es decir, no está basada en un hecho real, por decirlo así. Pero es una película en la que buscamos que todos los personajes y las situaciones fueran bien realistas, secuencias con las que el espectador se pudiera sentir identificado, pudiera reconocer a amigos o conocidos en la variedad de personajes que se ven en Solos en la Ciudad. Incluso que los espacios sean identificables.

En ese aspecto es autorreferencial pero más de un modo general que particular. Creo que está reflejado un amplio espectro de la juventud argentina y quizá más específicamente, la que habita en Buenos Aires. El trabajo para construir cada uno de los personajes y las situaciones fue algo similar a un trabajo sociológico, donde durante el proceso de escritura del guión nos la pasábamos constantemente preguntando a amigos, conocidos o incluso desconocidos cuál era su visión sobre la pareja, qué harían en una situación similar a la de la película, a quién recurrirían primero ante una pelea de pareja. Es por eso que si bien no puedo decir que es una película autobiográfica, sin dudas puedo decir que está trabajada sobre un largo proceso de observación y análisis de personas y acontecimiento de la vida cotidiana.

La historia parece escrita para esos actores, ¿la escribieron pensando en Felipe Colombo y Sabrina Garciarena?
Para nada. Me alegra que se perciba así, porque significa que la selección de los protagonistas y el trabajo actoral funcionó muy bien. Cuando empezamos a escribir el guión era el año 2006 y tanto Felipe como Sabrina todavía eran muy jóvenes para esos papeles. Cuando empezamos a pensar en quiénes podían hacerlo, debo admitir que Garciarena fue mi primera opción. Por suerte pudimos acceder a ella y tras la lectura del guión, se sumó muy entusiasmada al proyecto. Con Colombo fue un proceso distinto. Teníamos varias opciones para ese papel y teníamos que tomar una decisión. Yo quería conocerlo el mismo día en que se iba a llevar el guión para empezar a observarlo y darme cuenta con qué tipo de persona podría trabajar. Y la verdad es que ese primer día me cayó súper bien. Me sorprendió agradablemente que un tipo que había tenido una trayectoria internacional fuera tan humilde. Por suerte no sólo accedió a realizar una prueba para ver “como daba” con Sabrina, sino que insistió al respecto: “quiero que estés convencido” recuerdo que me dijo. Y en esa prueba, ya antes de iniciar una improvisación sobre la primera escena, la forma en que se acomodaron frente a la cámara fue maravillosa. Ya sabía desde ese primer segundo que tenía a los protagonistas de Solos en la Ciudad

¿Creés que la comedia romántica se está reivindicando como género dentro el cine argentino? En los últimos meses se estrenaron varias con buena repercusión de crítica y público algo que antes no sucedía, muchas veces eran apoyadas por el público pero la crítica las destrozaba.
Yo aplaudo esta búsqueda de los nuevos cineastas de acercarse al público, apostar a la narratividad y que se jueguen a trabajar con películas de género, ya sea comedia romántica, como cualquier otro. Es muy difícil entender el comportamiento tanto de la crítica como del público. En el caso de la crítica, uno nunca sabe qué van a opinar, en qué van a focalizar su atención, cuán exhaustivo será el análisis que hagan del film. Yo valoro mucho las críticas en las que se nota que vieron la película con detalle, que analizaron todos los elementos propios del lenguaje cinematográfico, que se metieron a investigar sobre todo el proceso de realización del film.

De ese modo la crítica pasa a tener un valor agregado con la profundidad necesaria como para transformar a un opinólogo en un crítico. Pero siempre te vas a encontrar con “críticos” que el día que vieron la película estaban de mal humor, o basan más la crítica en su opinión que en el análisis del film o que ni siquiera terminan de ver la película y se atreven a emitir comentarios al respecto. En esos casos creo que nos encontramos con gente poco profesional.

En definitiva, creo que tanto con la crítica como con el público pasa algo parecido a lo que intento mostrar en la película: la multiplicidad de puntos de vista. Es terrible enfrentarse a comentarios donde te destrozan la película y otros donde les fascina. La cuestión con la crítica es que son formadores de opinión y eso implica una responsabilidad mayor en lo que están haciendo o diciendo. El público es inimputable. La gente va al cine, no va, le gusta, no le gusta. En esos casos es como cualquiera de nosotros cuando nos sacamos el saco del profesional y nos dejamos llevar por “la magia del cine”.

En las funciones con público en las que pude estar, los momentos que más me emocionaron son en los que escucho a los espectadores reírse o cuando al final, saliendo disimulado por el pasillo empiezo a ver lágrimas en los ojos de mucha gente y a sus amigos o parejas consolándolos. Eso es para mí, la verdadera razón por la que hago cine: llegarle a la gente, tocarlos, emocionarlos, hacerlos reír. En definitiva: generar algo en el espectador.

¿A qué se debe la decisión estética de utilizar planos secuencias en la historia de él y planos y contra planos para contar la historia de ella?
Muy observador! Hay varias razones: la historia de él tiene muchos más toques de comedia y sentía que se podrían observar y aprovechar mejor desde los planos secuencia porque se puede observar todo. Si uno empieza a ver las secuencias del boliche donde Santiago se encuentra con Javi y las dos “amigas” y empieza a ver el fondo en lugar de a los protagonistas, va a encontrar situaciones cómicas. Lo mismo ocurre con la escena del gimnasta y sobre todo en la del zoológico.

En esta última sobre todo, entran en juego las otras razones: no perderse nada por los cortes y a la vez poder contener más de dos personajes en el mismo encuadre. Es maravilloso ver esa secuencia varias veces observando exclusivamente a cada uno de los personajes, viendo las reacciones que van teniendo ante cada línea de diálogo. Se trabajó mucho en ese aspecto. En el caso de la historia de Florencia, el plano y contraplano me ayudaban a reforzar esta parte del relato donde se focaliza más en las emociones, en la reflexión y nos sumerge en un tono más dramático. Trabajé no sólo con plano y contraplano, sino además con tamaños de encuadre muy cortos, tratando de sumergirme en los rostros y la gestualidad de los personajes para exaltar esa búsqueda.

Visualmente Solos en la Ciudad es una película muy colorida, ¿cómo la trabajaron estéticamente?
Cuidamos mucho la estética, la imagen, el sonido, el montaje, las trucas y la música de la película. Siempre digo que lo más importante para mí es la historia que se cuenta y la verosimilitud de los personajes (construida desde la actuación y el guión también), pero todos estos elementos tienen que estar cuidados para que aporten y sumen a la película y no terminen jugando en contra. Está todo muy cuidado y pensado: la música con un estilo muy hollywoodense, con grandes orquestas, y jugando con que en las secuencias de Él predominara la guitarra acústica y en las de Ella el violoncelo y que se entrelazaran cuando están juntos. Las locaciones, buscando los rincones más atractivos de la ciudad. Dejando de lado los estereotipos porteños como el Obelisco o Caminito y centrarnos en lugares identificables pero no tan utilizados en cine, como el Planetario o Costanera. Estaba un poco cansado de que el cine nacional se asociara con una imagen lavada, neutral o con tonos pasteles. Por eso decidimos trabajar con tonos saturados, colores primarios que se destacaran sobre los verdes que son las tonalidades que más abundan en los fondos. Buscaba que se lograra una imagen publicitaria pero con lenguaje cinematográfico. Algo muy difícil de lograr porque para una publicidad de 1 minuto se puede llegar a invertir el mismo dinero que para todo un largometraje de 2 horas. Pero realmente creo que lo logramos. La imagen está en un nivel de calidad que puede competir a nivel internacional con cualquier producción de primera línea.

El otro día leí que querías hacer una película de esas que tienen situaciones que uno se las acuerda de por vida, ¿sentís que lo lograste?
Ojalá! Creo que tiene momentos muy bien logrados, situaciones muy graciosas y otras muy emocionantes. Me parece que los puntos más altos a nivel emoción son la escena del inicio donde se desata el conflicto, el almuerzo entre Garciarena y Pasik y el clímax, donde resuelven el conflicto (para bien o para mal, véanla!). De ahí a que queden en la memoria de los espectadores es muy subjetivo y depende de quién la vea y el momento de la vida en que la ven. De todos modos, haber escuchado carcajadas en varios momentos cómicos de la película y, sobre todo, ver las lágrimas de muchos espectadores al final de la película es para mí un logro y un orgullo que podría leerse como que logramos generar algo que movilizó a la gente.

Al cine argentino le está costando mucho conseguir salas para estrenar y las cadenas mantengan las películas en cartel, ¿cómo se manejaron ese tema?
Es una lucha muy cruel y desgastante. Hay muchos estrenos, lo cual es bueno porque significa que se hace mucho cine, pero no hay tantas salas. Al mismo tiempo la mayoría del cine que se estrena viene de Estados Unidos y claramente la competencia es desigual. No puedo culpar al espectador si elige pagar exactamente el mismo precio por una entrada para ver un tanque hollywoodense de 200 millones de dólares en lugar de invertir ese mismo dinero en una peli independiente argentina hecha a pulmón. Si bien el presupuesto no asegura que una película sea mejor que la otra, también es desigual el acceso a los medios, el presupuesto invertido para la publicidad y sobre todo para el lanzamiento. Es claramente ver a David con chiquitolina pelearse con Golliat maximizado. Me parece que sería importante reforzar un espacio para el cine nacional, un circuito donde se asegure que se estrene nuestro cine. Y que no sea sólo de los Espacios INCAA que ya aportan y mucho.

Es difícil lidiar contra esta situación, queriendo hacer una película para el público pero que después no tengas la cantidad de salas que te gustaría o que debería tener dicha película para que la gente pueda elegir verla. Hoy en día la gente ya no busca la película y decide a que cine ir. Es al revés: elige el cine que le queda cerca y ahí ve las películas que les ofrece ese complejo. Nosotros dentro de todo obtuvimos una buena cantidad de salas para un proyecto de esta envergadura. En total son 10: Village Caballito – Gaumont – Monumental de Lavalle – City General Paz – Showcase Norte – Hoyts Quilmes – Cinemark Adrogué – Village Avellaneda – Cinemark Malvinas. Si bien me hubiese gustado poder contar con más salas en Capital, y que entre ellas estuvieran los complejos con más afluencia de público, igualmente estoy contento porque el Conurbano es una zona que muchas veces no se tiene en cuenta y donde el cine nacional funciona muy bien.

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