Juan Pablo Russo
06/10/2011 22:31

Premiado en el mundo por su labor como cortometrajista, Gustavo Taretto debuta en el largo con Medianeras (2010), film basado en el corto homónimo de 2004. “Hay gente que ve la película y, tratando de decirme un elogio, me dice que no parece una película argentina, que es el elogio que menos me gusta escuchar”, dice el realizador en una charla íntima con EscribiendoCine.

Medianeras

(2010)

Cuando nace la idea original Medianeras, ¿surge como un corto o un largo?
Siempre tengo un proceso creativo que es bastante parecido. Tengo ideas. No tengo ideas de cortos o ideas de largos. Tengo ideas. Cuando surgió la idea de Las Insoladas, que fue el primer trabajo que hice, sentía que ahí tenía un largo pero en ese momento no tenía ganas de pasar por esa experiencia. Tenía ganas de disfrutar, no de tener alguna clase de obligación con eso. Entonces fue que me planteé trabajar todas estas ideas como cortos y me fijé un objetivo que era filmar 90 minutos de cortos. Entonces hice Las insoladas100 Pesos, Medianeras y cuando me quedaban 8 minutos hice Hoy no estoy, un corto de 8 minutos para llegar a los 90 que me había propuesto y cumplir con mi propio desafío.

¿Qué es lo bueno que tiene un corto?
El corto es un género que uno mira de un lado más instintivo. El corto es te gusta o no. No hay grises. Siempre digo que el corto que se te hace largo es más largo que un largo. Un corto malo es una pesadilla porque el corto exige la redondez y la efectividad. 

¿Y un largo?
El largo lo más lindo que tiene es la posibilidad del error, los matices, las secuencias que te quedan largas. Eso humaniza mucho al largo versus el corto. La forma no es tan redonda sino más cuadrada y me parece que hay atractivo en sacarle la redondez.

¿Cómo trabajaste el pasaje del corto al largo?
Tomé la estructura tal cual estaba en el corto, me sentía muy cómodo y me daban ganas de trabajar en base a la estructura y lo construí desde ahí. Creo que hay muchos problemas en los casos de la literatura llevada al cine, que hay una zona de conflicto porque en general lo hacen dos personas distintas. Pero en este caso yo era el adaptado y el adaptador, así que no fue tan conflictivo. Me olvidé del corto y lo que quise lo usé y lo que no quise, no. Tomé la idea, empecé de cero y estoy contento con las dos cosas. El corto tiene lo bueno del corto y el largo tiene lo que está bueno de un largo. En el corto, Martín y Mariana son funcionales a la historia que yo quiero contar, en cambio en el largo la historia es más funcional a los personajes, entonces es más humano.

¿Qué perdió y que ganó Medianeras en el pasaje de corto a largo?
Lo que pierde el largo es un poco de frescura. Frescura en el sentido que el corto es amateur, lo hice con amigos, y la novedad. El largo compite contra la primera impresión, es como competir con la primera novia. En ese sentido creo que puede perder algo de frescura o de sorpresa. A mi favor está toda la madurez, la adultez, la actuación de Javier Drolas es muy superior a la del corto. En un sentido me parece mucho más rico, más complejo el largo.

¿Cambió tu mirada sobre los personajes en estos siete años que separan al corto del lago?
Sí, sí cambió. Lo que más cambié, para respetar el trabajo de Moro Anghileri en el corto, fue el personaje femenino. Lo hice completamente distinto para que no hubiera comparación entre los dos. El personaje del largo es más dramático, más huidizo, está más en crisis, es un poco más adulto de edad. A diferencia del corto, en el largo los planté como dos personajes trabados en diferentes motivos. La luna cuando uno la ve redonda es preciosa y en el corto la luna se ve redonda. En el corto se ve la luna redonda. pero ahora necesitaba mostrar el otro lado, el lado oscuro de la luna.

¿Por qué el cambio de Moro Anghileri por Pilar López de Ayala?
Moro
fue una excelente protagonista del corto y hubiera sido una excelente protagonista del largo, pero uno no filma cuando quiere sino cuando está la plata. Ella estaba embarazada justo en ese momento. así que nos vimos en la obligación de buscar una nueva actriz. No tiene mucho de generoso hacer la película con otra actriz, pero por ahí era mucho menos generoso hacerla con una actriz argentina. Entonces surgió la posibilidad de buscar afuera y encontré en Pilar López de Ayala un personaje que no sé si lo hubiese encontrado acá. Tenía ganas que el personaje femenino tuviera algo de heroico y glamoroso de una estrella de cine y Pilar creo que lo tiene. Para mí tiene una elegancia y un misterio similar al de las estrellas de cine de la época dorada.

¿Es una película autorreferencial?
Creo que no, pero cada vez que se lo cuento a un amigo me mira y se ríe, por lo cual debo estar equivocándome al decir que no tiene cosas mías (Risas). Yo niego que todo lo que pasa en la película me haya pasado a mí. Lo único que por ahí siento es que hay coincidencias con la hipocondría del personaje masculino. Es una característica que le puse pero no sufro de fobias, tengo una vida social amplia, no soy una persona miedosa como él.

¿Cómo ves la situación del cine argentino en relación a la respuesta de los espectadores?
Hay gente que ve Medianeras y tratando de decirme un elogio me dicen que no parece una película argentina y ese es el elogio que menos me gusta escuchar. Creo que todas las películas podrían tener una buena cantidad de espectadores pero hoy en día dentro del cine no está contemplada la etapa del lanzamiento. El lanzamiento tiene que tener un presupuesto y tiene que estar dentro de lo que cuesta la película. El lanzamiento va más allá del afiche, hay elementos dentro de la publicidad y comunicación que podrían hacer que el público se acerque a una película. No es lo mismo meter gente en el cine que meter al público correcto.

¿Cómo es eso?
Cuando no metés el público correcto la gente se frustra, se levanta y es el principal enemigo que tiene la película. Se cae inmediatamente en el boca a boca. Si uno detecta al público y lo lleva te pasa lo mismo que a El estudiante, que tiene el boca a boca y lleva al público que seguro le va a gustar la película. Hoy como el cine está subsidiado la necesidad de llevar espectadores no es tan alta. Si uno tuviera la necesidad de tener espectadores para hacer su próxima película por ahí las cosas se modificarían, no sé si para mejor, pero se modificarían.

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