Juan Pablo Russo
19/09/2011 16:50

La nueva película de Santiago Palavecino (Otra vuelta, 2004) reúne a Martina Gusmán junto a Germán Palacios y al escritor Alan Pauls. EscribiendoCine accedió a una entrevista exclusiva en la que el realizador y la actriz develan el entramado de La vida nueva, una historia en la que los personajes deben elegir qué hacer con sus vidas.

La vida nueva

(2011)
6.0

El guión de La vida nueva tuvo un largo periodo de gestación, ¿cómo fue ese proceso y qué cambios tuvo?
Santiago Palavecino: Era un guión cuyo núcleo se conserva en La vida nueva, pero que ha mutado mucho en la medida que uno cambia. Lo escribí hace cinco años y pasó por una residencia en Cannes, pero cuando llego a Matanza Cine se da una situación bastante paradójica ya que sentía que era el proyecto que quería hacer pero que también había que modificarlo. Era algo que yo iba a plantearlo pero paradójicamente se dio que ellos me lo dijeron primero. Ambos habíamos pensado lo mismo.

¿Cuál fue el cambio que tuvo el guión a partir de la entrada de Martín Mauregui, Alejandro Fadel y Santiago Mitre en el proyecto?
S. P. En un sentido muy general empezó a parecerse más a las inquietudes que yo tenía en ese momento en la vida. Algunas cuestiones que estaban presentes en ese momento se empezaron a sumar. Y cuando entraron los actores ni hablar.

Martina vos interpretás a una pianista. ¿Sabías tocar el piano?
Martina Gusmán: No, y sigo sin saber (risas). Nunca había tocado el piano en mi vida y cuando empezamos a hablar con Santi del personaje era como vital. El mundo de los pianistas tiene hasta una forma de vincularse, de relacionarse con lo lírico de la música que para mí era súper vital. Me hubiese encantado aprender pero la verdad es que estuve dos meses tomando clases todos los días para intentar hacer las dos piezas que suenan, que si bien el sonido no es el de mi interpretación sí son los movimientos.

¿Tomaste algún modelo real?
M.G. Tomé cosas de Martha Argerich, como esa fortaleza que tiene y la pasión por la música. Esa cosa aniñada, un poco nostálgica. Fortaleza y debilidad al mismo tiempo.

Esta es tu primera película sin que te dirija Pablo Trapero, tu marido, ¿cómo fue la experiencia de estar en manos de otro director?
M.G. Trabajaba con Pablo porque principalmente era productora y había decidido hacer algunas cosas relacionadas con la actuación. Obviamente el tiempo que te requiere la producción era un tiempo que o se lo dedicaba a eso o a la actuación. Después de la experiencia de Leonera me dieron ganas de seguir actuando, dije que no a varias cosas porque quería seguir produciendo. Después de Carancho me dieron ganas de explorar cuestiones como actriz y obviamente si quiero seguir trabajando como actriz tengo que trabajar con otros directores. Y tuve la experiencia de trabajar en esta película que fue algo muy lindo, de mucho intercambio y mucho crecimiento. Aprender de otras formas, de otras miradas y construir juntos el personaje que él tenía en la cabeza. Para mí fue una experiencia muy linda. Después de esta película hice otra en Uruguay y la verdad que está bueno ver la forma de trabajo de otros directores diferentes.

¿Santiago vos ya tenías pensado que la protagonista fuera Martina o surgió a partir del momento en que Matanza Cine se suma al proyecto?
No, no fue a partir de la entrada a Matanza sino durante el proceso de escritura y guión. En un momento se nos hizo evidente que el personaje era para ella. Pero en realidad tampoco sabíamos si quería estar ya que todavía trabajaba como productora.

Martina, ¿ya no te vas a dedicar más a la producción?
Dejé el día a día de la productora porque decidí hacer esta peli, la otra, los trabajos en la tele. Para eso tuve que dejar el día a día de la producción. Eso no quiere decir que voy a dejar del todo la producción. Sí en La vida nueva decidí que no quería ser productora porque hay algo del vínculo del director-productor que es muy diferente al del actor-director y yo no quería empañar mi vínculo siendo productora.

Como director, ¿sos de escuchar los aportes de los actores?
S. P. Mi idea es aprender, trabajar con las personas, cada uno tiene su mundo y hay que encontrar ese intercambio. No sólo entre uno y el actor sino entre los múltiples actores, el paisaje, la cámara, el sonido…

¿Cómo se suma Alan Pauls al proyecto, ya que si bien había hacho algunas participaciones nunca había protagonizado?
S. P. El casting de por sí era complicado por el tono que queríamos. La verdad que pensamos mucho en quién podría hacer ese personaje, abriendo el abanico todo lo posible. Y la verdad que fue una idea de Pablo Trapero que lo vio en una boda. Me pareció una idea tan extraordinaria que empecé a tener miedo de que Alan no quisiera.

Noté una relación entre los personajes y el espacio que habitan.
S. P. La idea era armar un pueblo medio laberintico que funcionará de la misma manera que la cabeza de los personajes y así reflejar cómo trabaja la cabeza de la gente que vive en un pueblo cerca de la Capital y qué tipo de proyecciones tienen sobre la vida artística, los proyectos morales y el poder. Me interesaba eso: cómo funciona la cabeza de esos personajes y el espacio tenía que ser como ellos.

¿Creen que es una película sobre la mentira?
S. P. Sí, digamos que hay momentos en los que ya no se distingue la mentira de la verdad. Todos ocultan algo y a veces no necesariamente decir la verdad es lo mejor. A veces la mentira tiene efectos completamente insospechados. Todo ese abanico de contradicciones está expresado en el anteúltimo plano de la película.

M.G. Son personajes que tienen que decidir una nueva vida o sea la vida concreta. Qué hacer con la vida, si seguir como están o animarse a “la vida nueva”.

La nueva vida comienza a partir de que la película termina
M.G. Exacto. Es la vida nueva de todos.

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