Juan Pablo Russo
28/08/2011 17:51

Protagonizada por Natalia Oreiro y Daniel Hendler, Mi primera boda (2011) es la nueva comedia del realizador de Cara de queso (2006). El film, que se estrena esta semana, recrea todo lo tragicómico que puede suceder durante un casamiento y se basa en las vivencias del propio Winograd durante su boda. “Fue un trabajo en conjunto, queríamos hacer una película transparente”, comenta en una charla íntima con EscribiendoCine.

Mi primera boda

(2011)

¿Cómo llegan Daniel Hendler y Natalia Oreiro a ser los protagonistas de Mi primera boda?
Los personajes en un punto somos Nathalie Cabiron (Productora del film y esposa de Winograd) y yo. Daniel hizo tres millones de película, es uno de mis mejores amigos y me parece un actor de comedia impresionante con un registro que lo tienen muy pocos. Era muy bueno que él hiciera de mí. A Natalia la pensamos como parte de una comedia, no como comediante. Necesitaba que le imprimiera un poco más de dramatismo a todo lo que pasa.

Es un personaje que está al borde de un ataque de nervios en toda la película.
Claro. En el punto que está justificado por ser una novia. Es un lugar común y el desafío era cómo hacíamos para que esa mina no sea insoportable y que logre que el espectador se ponga en su lugar. Cuando pensamos en el proyecto dijimos: "Hay que llamar a Natalia".

¿Ya la habías visto en sus otras películas?
Hasta ese momento todavía no había hecho nada, esos son los largos procesos de hacer una película en Argentina. Cuando nosotros la llamamos no existía Francia (2009) ni Música en espera (2009), pero creíamos que eran los dos actores perfectos y que podían tener una buena química.

¿Costó convencerlos?
Ni lo dudaron, todo fue muy natural. Fue meterse en el proyecto sin dudarlo.

A pesar de tener un gran elenco y una producción importante que la acompaña, Mi primera boda tiene registros de cine independiente. ¿Sentís que es así?
Para mí esta película, aun con todo el mecanismo y todo lo que hay adelante, no deja de ser un proyecto gestado con mi mujer a partir de que cuando nos casamos salió todo mal. Acá nadie vino y nos dijo que teníamos que hacer una comedia con Natalia Oreiro, Daniel Hendler e Imanol Arias. Fueron cosas que fuimos decidiendo nosotros. Yo la sigo viendo como una película personal, aunque no lo parezca.

¿Hay como un prejuicio de relacionar los dramas con el cine independiente y la comedia con el cine comercial. ¿Por qué creés que es así?
Llega un punto en que todo se termina etiquetando. Yo hoy me siento muy feliz de poder haber hecho esta película, sea comercial, autoral, independiente o como quieran llamarla. Sea la forma que fuese estoy muy satisfecho de no haber cambiado el rumbo a la hora de hacer lo que quería hacer. Si uno mantiene eso todo es más rico. Todos los que se fueron metiendo en el proyecto fueron acompañando nuestra mirada.

Hoy el cine se divide en dos. Hay un cine pensado para festivales y otro el público. ¿De qué lado te ubicás?
Obviamente nosotros nunca hicimos esta película pensando que vaya a festivales. Queremos que con esta película la gente se cague de risa. La idea era convocar al mejor elenco, al mejor equipo técnico y hacerla de la mejor forma posible para que la gente la pase bien, nunca se nos cruzó por la cabeza presentarla en algún festival. Hay un cine que se hace para festivales y está bien, pero nosotros queríamos otra cosa.

¿Fue muy diferente el proceso de Cara de queso con el de Mi primera boda?
Nos llevó el mismo tiempo desde que se gestó hasta que se hizo. El mayor cambio fue el de tener mayores herramientas y gente más experimentada trabajando a nuestro alrededor que con su experiencia aportó desde diferentes lugares.

¿Sos de aceptar sugerencias del equipo?
Cuando trabajás con gente que es más experimentada que vos, es un poco necio no escuchar. El desafío como director es escuchar y saber qué tomar y qué no, pero nunca no escuchar. Si un actor con tanta experiencia te dice que algo no funciona por tal cosa hay que escucharlo y no encerrarse en un capricho que puede hacer que las cosas salgan mal. Nosotros escuchamos a todos. Primero, desde el lugar de respeto; y segundo, porque aquel que opina es porque quiere que la película sea mejor. Fue un trabajo en conjunto, queríamos hacer una película transparente.

¿Cuál fue la decisión que te llevó a convocar a Patricio Vega para que escriba el guión, teniendo en cuenta que la idea y los primeros bocetos salen de vos?
Yo hice cuatro versiones del guión en los que había una historia pero no una trama puntual. Era un guión del que se desprendían anécdotas de lo que había pasado en mi casamiento. Nosotros queríamos que la película tuviera una trama más marcada, donde haya una estructura narrativa clásica. Vimos Música en espera y pensamos en llamar a Patricio Vega. Lo llamamos, le dimos el guión y le gustó, pero dijo: “Vamos a escribir todo de cero”. A los pocos días me manda tres páginas y yo dije: “¡Guau! Hacé lo que quieras”.

¿Tenés referentes cinematográficos?
Uno tiene influencias y cosas que le gustan. En este momento uno de mis directores favoritos es Judd Apatow y todo lo que hace. Es un tipo que está haciendo algo en la comedia que me parece buenísimo. También hay cosas que me gustan mucho que van desde las películas de Woody Allen hasta Alta fidelidad (2000) pasando por El Graduado (1967). En este caso vimos muchas películas para ver cosas desde lo interno de los personajes no desde lo externo.

El tema de moda en el cine argentino es el de la exhibición y el problema para conseguir salas. ¿Cómo están con eso?
Nosotros teníamos la intención de hacer una comedia industrial, así que con la película terminada fuimos a Disney, la vieron y se sumaron a la distribución. Tener a Buena Vista detrás tiene un peso que desde el lugar de las posibilidades comerciales es mayor. Esto está relacionado con el germen de que es lo que como director uno quiere contar. Hay películas que no sé si tienen intención de salir con cincuenta copias y también es una decisión eso de tocar por diferentes lados para que la película llame la atención. El tema de la difusión está relacionado más con las películas y las búsquedas de los directores. Claramente Mi primera boda no es una película para un festival de cine, pero hay otras que están planteadas para que el camino sea ese. Son caminos diferentes pero sinceros con las premisas de las películas. El tema está bravísimo y cada vez cuesta más conseguir salas, pero también creo que hay una cuestión respecto al público al que se pretende llegar. Los cines terminan decidiendo en base a lo que elige el público.

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