Ezequiel Obregón
02/08/2011 15:45

Esteban Bigliardi es uno de los actores más celebrados de su generación. Con Un mundo misterioso (Rodrigo Moreno, 2010) asume un protagónico absoluto. Visto en las obras Algo de Ruido hace, El tiempo todo entero y Ala de criados (las dos últimas aún en cartel), revaloriza el rol del actor en el cine. Medio que, confiesa, “lo apasiona”.

Un mundo misterioso

(2011)
6.0

“La idea de  la película me llega a través de Rodrigo Moreno, que es un amante del teatro. Me conoció al verme actuar en Algo de ruido hace, de Romina Paula. Algo del personaje que estaba imaginando para la película vio en mí, entonces me llamó. Primero tuvimos una charla en un café sin saber que yo iba a ser el protagonista. Me contó que quería que yo participara de la película, no sabía en qué rol aún. Me contó sobre el proyecto. Tres o cuatro meses después me mandó el guión y me pidió que hiciera el papel de Boris. La película se filmó en diciembre de 2009 y enero de 2010. Nosotros comenzamos a trabajar en octubre, ensayando, probando situaciones. El guión se respetó bastante, se trabajó sobre lo escrito. Durante el rodaje hubo algunos cambios, pero en relación a algunos personajes”, comienza diciendo el actor.

Algo de la película remite al cine mudo, en relación a los obstáculos y a los espacios que transita el personaje. ¿Cómo te vinculaste con el desplazamiento y deambular de Boris?
Sí, hay algo en el personaje que tiene que ver con una actitud contemplativa. La película comienza con la ruptura de una relación larga, que en la vida de cualquier persona es algo doloroso, traumático. Lo que fuimos trabajando fue un poco ese desconcierto, algo muy interno. No vemos reacciones de él frente al mundo. Hay una situación o forma de moverse más bien contemplativa, no porque sea un zen, sino porque queda en “un mundo misterioso”. Tenía reglas establecidas, una pareja, una casa, esa rutina que un día se rompe. Hay algo clave, que es buscar un poco la relación de este personaje con los espacios, que es mirar todo como si fuera por primera vez. Las reglas, los cimientos de su vida, han sido trastocados. El personaje re-conoce a través de los espacios que transitaba antes. Se deja llevar. Más que producir situaciones, las situaciones le vienen a él. Termina en Uruguay, persigue a una chica una noche... La película narra este desconcierto.

¿Podemos pensar que ese mundo misterioso es un misterio porque, justamente, es lo que a él le acontece y no expresa? Al igual que en el caso de las películas de Lucrecia Martel, el título tiene algo de fantástico. Es lógico preguntarse “¿misterioso por qué?”
No puedo decir nada sobre la mirada de los demás. Creo que uno es partícipe de la película y el misterio es alguna de las manifestaciones que aparecen, como su relación con el auto. Una relación con un objeto del que uno, o mucha gente, desconoce los mecanismos. Enfrentarse a algo desconocido, como abrir este celular y encontrar un misterio. La metáfora de ese auto cuenta algo que al personaje le pasa con todo. Uno en la vida cree que tiene certezas, que te dejan tranquilo, cómodo. Eso en la película aparece borrado. Frente a la novedad, este personaje no acciona mucho. Es como la vida en los pliegues, no hay posibilidad de decisión, por dolor o por lo que fuera. Todos tenemos momentos en los que paramos en la vida y nos decimos “¿de qué se trata vivir?”. Encontramos a Boris en este momento de desconcierto, para adentro. 

¿Cómo sentiste la recepción en Berlín?
Ir a Berlín fue una alegría enorme. Trabajamos pocos en la película. Había hecho cine antes, pero fue mi primera experiencia con un protagónico importante. Fue un honor presentarla en un festival tan prestigioso y tener devoluciones de la gente. Había personas que se sentían identificadas con momentos de la película.  Es lindo poder viajar y que otra gente vea tu trabajo y simpatice con eso o no. 

Uno de los personajes dice “no es importante que pasen cosas”, en relación a la trama de un libro. Y en la película no hay hechos espectaculares, lo que me lleva a pensar que el relato puede ser una alegoría.
Es una película no sé si alegórica, pero sí generadora de climas. Queda en uno un tiempo después de verla. Si hubiera una alegoría, creo que tiene que ver con lo que decía antes: la posibilidad de relatar un estado.

Todos tendríamos un “momento Boris”.
Creo que podría ser. Yo lo tuve. La película en ese sentido es humana. Como cuando sólo te dejás llevar, no tenés poder de decisión. 

Hay un trabajo muy formal, el formato del film es cuadrangular, las tomas son muy elaboradas, hay secuencias casi coreográficas, con mucha conciencia de los movimientos. ¿Cómo fue el trabajo con Moreno?
La idea sobre todo fue trabajar con él los estados, encontrar algo en el estar. No hay acciones claras, no es un personaje con objetivos. No hay una fuerza en el personaje, no le vemos el conflicto. Es un personaje en algún sentido negativo respecto de la idea de carácter. Boris es alguien que está “retirado”, era importante el estar. Lo vemos en un momento, sabemos un poco de dónde viene pero no a dónde va, él habita los espacios. Boris no cuenta nada, no cuenta dolor. Lo que le está pasando no tiene forma aún. No sabemos de qué trabaja, cómo es su familia, conocemos muy poco de él. Lo que tenemos es lo que vemos. Está ahí y en un mundo misterioso. 

Hay un recambio generacional en los realizadores, que recurren a actores de teatro del circuito independiente.  ¿Con cuáles te gustaría trabajar?
Admiro mucho a Lisandro Alonso, aunque no trabaje con actores profesionales. Federico León, Santiago Mitre, Gonzalo Tobal, con el que acabo de hacer una película, Matías Piñeiro

¿Harías una película con Juan Taratuto?
¿Taratuto es el de...? 

Es el director de No sos vos, soy yo (2004) y Un novio para mi mujer (2008).
Sí, bueno, yo te nombro le gente que conozco.

¿Y con Juan José Campanella?
Todo depende de lo que te ofrecen y de las posibilidades que yo tenga ahí de generarme un espacio que me interese.

Nombraste a directores ligados a un cine más autoral.
Sí, yo me acerco a la actuación por mi amor al cine. Desde mis veintipico de años fui un consumidor acérrimo de cine. Veía toda la filmografía de directores. En Liberarte hay un libro de aniversario en donde figuro como el socio que más películas alquiló. Siempre me interesan los autores, me deslumbran, esa gente que película a película, con errores y en su búsqueda, hacen un recorrido. Abren su corazón y cuentan su vida también. 

¿Sos espectador del BAFICI?
Sí, además trabajé en el primer y segundo BAFICI. Son dos semanas increíbles en la vida de Buenos Aires, he descubierto a directores fantásticos, como Jonas Mekas.

¿Pensaste en dirigir?
No lo descarto, pero no tengo el deseo ahora. Quiero actuar en cine, que es una de las aventuras más increíbles que te pueden pasar en la vida, es de lo más vital. Te juntás tres o seis meses antes con un director, lo conocés, luego trabajás sobre el guión, la gente que se va sumando. Todo eso me apasiona. Vas de lunes a viernes, empezás a las seis de la mañana, cambian las reglas de tu vida. Entrás a un mundo misterioso.

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