Juan Pablo Russo
08/06/2011 18:31

El realizador guatemalteco se apresta a estrenar en Argentina Las marimbas del infierno (2010), film que se presentó en la última edición del BAFCI con una amplia repercusión en el público y la crítica, algo que se extiende a cuanto país se presenta. “Nunca imaginé lo que pasaría con la película”, sostiene en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Las marimbas del infierno

(2010)
8.0

¿Cómo surge el proyecto para la realización de Las marimbas del infierno?
De jugar un poco y de intentar hacer una historia con muy pocos recursos. Conocía a Blacko y siempre me interesó su historia. Después supe que a Don Alfonso lo estaban extorsionando y en un momento de reflexión empecé a diseñar la historia de la película. Siempre quise unir la marimba con el rock, pero como no soy músico no puedo. Entonces la película es una excusa para eso.

¿El grupo musical en el que se ancla la historia existe o es producto de la ficción?
El grupo de Blacko es real, se llama Los Guerreros del Metal y tiene casi 24 años de existencia. Las Marimbas del infierno es un grupo que arme para la película, una ficción.

¿Tenés alguna relación especial con las marimbas o simplemente fue una ocurrencia que concluyó en la historia para una película?
La marimba es el instrumento nacional de Guatemala, quise jugar con la solemnidad con la que se la mira. No tengo ningún vínculo excepto que en los comedores populares siempre suena su música a la hora de la comida.

La película combina un hecho dramático pero desde la perspectiva del humor. ¿Cómo trabajaste ambos elementos desde la construcción narrativa?
Como pequeñas mentiras o bromas, fue como inventar una historia para engañar a un amigo para reírse un poco, o como reunir datos y mezclarlos con la ficción para tener una buena excusa si se cometió una falta, En la película improvisé en todo momento. Sabía de las vidas de mis actores y lo que hice fue ponerlos en situaciones que se me ocurrían.

¿Qué sensación te llevaste del público argentino luego de ser presentada y premiada en el último BAFICI?
Me pareció un público con mucha información y además con curiosidad por encontrar o que le cuenten otro tipo de historias. Creo que es de los pocos festivales diseñados para el cine de autor. Por otro lado es un festival austero y eso me gusta porque son pocos los rockstars. Además es grande pero con alma de festival pequeño, entonces te da la sensación de estar con amigos o conocidos. Además tiene variedad cinematográfica y buenas proyecciones, están enfocados en que se vea cine o no en otras cosas. Entonces es un festival diseñado para el público que le interesa el cine contemporáneo, y que confía en la selección.

Tengo entendido que tenés nuevos trabajos en post-producción. ¿Qué nos podés adelantar?
Tengo dos largos en esa etapa. Uno es Polvo, que escribí en la residencia de Cinéfondation y con el que tengo problemas con Ibermedia porque me congelaron el dinero ganado debido a la falta de pago por parte de las autoridades en Guatemala. De esto me avisaron un día antes del rodaje. Hicimos la película con un pequeño préstamo y estamos esperando que las cosas se resuelvan. Es una coproducción con Tic Tac de España y Fábula de Chile. Y en mayo hice una película con mis amigos para no deprimirme que se llama Hasta el sol tiene manchas. La hicimos con 5 personas, sin luces y con los fondos dibujados. Estoy editando esa película en este momento.

Guatemala es un país con escasa producción cinematográfica, ¿cuál es la receta para filmar una película y que a la vez tenga repercusión en todo el mundo?
No tengo recetas, pero en mis películas me gusta agradarme y ser fiel con el lugar de donde soy.

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