Ezequiel Boetti
11/05/2011 13:53

La Linterna Mágica es un Cineclub ideado en Suiza que desembarcó en Argentina en 2007 con la idea de proyectar grandes clásicos del cine a los espectadores de entre 6 y 12 años. “Los chicos están más abiertos a todo. Si los conectamos con el arte, la imaginación, la idea de diversidad y la creatividad deberían crecer más sanos”, explica Demián Adler, uno de los coordinadores. La próxima función será este sábado a las 15 en el Centro Cultural Konex de la Ciudad de Buenos Aires (Sarmiento 3131).

¿Cómo nació la idea de La linterna mágica en Argentina?
Conocimos a la gente de La Linterna Mágica de España y nos maravilló la propuesta, vimos sus efectos a corto y largo plazo y quisimos que pasen acá. Entonces empezamos a averiguar cómo hacerlo. Funciona como una especie de franquicia. Al principio, gracias a la ayuda del Gobierno de la Ciudad en la gestión de Jorge Telerman, pudimos empezar haciendo las funciones en el Museo de los niños del Abasto, pero como crecimos muy rápido nos fuimos a una sala más grande. Ahí llegamos al Centro Cultural Konex. Hoy estamos transitando el cuarto año en Buenos Aires con 600 socios, haciendo funciones y otros proyectos relacionados al cine en el interior del país. También, en 2009, se abrió un club en Mar del Plata.

¿Cómo es la metodología de cada proyección?
A cada niño le llega una revista a su casa que le cuenta qué película va a ver. Esa revista, además, tiene a modo de cuento datos de la película, director o detalles de la filmación y valores que trabaja. Previo a la proyección ven una pequeña obra de teatro con tres actores, dos fijos y una rotativa, que termina de profundizar los conceptos trabajados desde la revista. Después ven la película y se van. El trabajo es previo porque somos un club de formación de espectadores. Es un proyecto que tiene bases educativas y pedagógicas fuertes. La Linterna Mágica funciona hace casi 20 años en casi todo Europa y algunos países de África.

La linterna mágica es una idea "adaptada" de Suiza. ¿Es complicado adaptar una iniciativa de estas características al público argentino?¿Cuáles son las claves?
Tuvimos que aprender a adaptarlo a nuestro país. Las culturas son muy diferentes en formas y tiempos. Y sobre todo es diferente la conciencia económica que hay allá y acá para sostener, sin bajar la calidad, proyectos de este estilo.

¿Cuál es el criterio de selección de los films?
Las películas tienen que abarcar una diversidad de lenguas, mensajes, géneros y técnicas cinematográficas de toda la historia de este arte. Además no tener contenidos políticos explícitos.

Muchos de los films que proyectan están alejado de los cánones estéticos y narrativos habituales. ¿Cómo se sienten y actúan los chicos ante esto?
Con las películas mudas es buenísimo. Se matan de risa con Chaplin y Keaton o con Ladrón de Bicicletas, de Jacques Tati. Hubo películas que tuvimos dudas en proyectar pero lo hicimos porque confiábamos en el proyecto. El rey de las máscaras, por ejemplo, es una película oriental que trata la discriminación de género. No la queríamos pasar, tuvimos charlas largas con la gente de La Linterna Mágica de España y al final lo hicimos. No voló una mosca en la sala. A los chicos les encantó y los papás nos agradecieron. Al comienzo me sorprendían las reacciones de los chicos. Pero después dije: “Claro, los chicos tienen muchos menos preconceptos que nosotros, son mentes más nuevas. Están más abiertos a todo”. Entonces, si los conectamos con el arte, con la imaginación, la idea de diversidad y la creatividad deberían crecer más sanos.

Por ejemplo, desde el año pasado implementamos un plan de becas para niños en situación social vulnerable. La idea es que cualquier persona desde su casa por Ticketek puede becar a un niño a todo un año de La Linterna por $150 anuales. La gente de Arte en Red (un emprendimiento de la Red Solidaria y Casa de la Cultura de la Calle) hace efectivas estas becas entre chicos de hogares. Son niños que tienen resuelta la educación formal, el alimento y el techo, pero que en muchos casos no tienen una contención artística fuerte. Todos estos chicos vienen a las funciones todos los meses y a fin del año pasado las directoras de los hogares nos hicieron una devolución contándonos que los chicos habían bajado sus niveles de ansiedad y violencia y que además estaban más atentos y críticos a lo que miraban por televisión.

En la actualidad se consume mucho cine en los hogares y ámbitos privados ¿Por qué decidieron llevar esta iniciativa?
Porque no es lo mismo ver una película en una computadora que en el cine. Son dos experiencias completamente diferentes. Además no en todos los hogares se aprecia la diversidad que tiene el cine, aunque sea un arte joven. Decidimos llevar adelante La Linterna Mágica porque nos enorgullece ser una parte de un proyecto que genera efectos individuales y sociales tan íntimos, como lo es por ejemplo abrirse a experimentar todas las emociones.

Ustedes dicen que quieren "que los chicos aprendan a mirar cine, no a consumirlo". En épocas de tanta dispersión y tanto cine mainstream malo y con fines puramente comerciales. ¿No esa visión un poco romántica del rito cinematográfico?
Puede ser. Pero, ¿qué hubiese sido de la historia de las emociones humanas sin las visiones románticas? Es más simple el tema, creo. Los que formamos parte de esto amamos el cine y nos parece que, como todo arte, está relacionado a la imaginación, la creatividad y el vuelo. Y compartir estos aspectos con chicos está buenísimo

¿Cómo viven los chicos de 6 a 12 años la experiencia de ir solos al cine por primera vez?
Esta parte me impresiona. Se adaptan muy fácilmente. Siento que este espacio les genera una sensación fuerte como, de libertad. Y en el momento de sentir esa libertad, ven una película.

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