Ezequiel Obregón
29/10/2010 19:31

El joven cineasta canadiense nos habla del documental Chemerical, en donde pone a prueba a una familia tipo, los Goode. Ellos conocerán los peligros de los productos que habitualmente usamos para limpiar nuestros cuerpos, nuestros ambientes, o para maquillarnos. Chemerical está abordado desde la comicidad, y forma parte del Primer Festival de Cine Ambiental.

¿Cómo comienza su carrera como ambientalista, como cineasta, y en qué momento estas se cruzan?
Siempre estuve preocupado por el medio ambiente. Tuve asma desde los 7 años, y tuve que tomar medicación desde ese momento. Todos los días pagaba un dólar para recibir los remedios. Siempre era el nene que iba a todos lados con el inhalador, el chico del que todos se burlaban. Entonces comencé a preocuparme por el ambiente, a través de mi enfermedad. Siempre me pregunté por qué le hacemos al ambiente las cosas que le hacemos, por ejemplo andar en auto. Estuve muy influenciado por artistas que hacían algo a partir de su trabajo para genera conciencia, como Peter Gabriel. Utilizan su arte como plataforma. Pero traté de tocar la guitarra y eso fue terrible (risas). Si querés despejar el hotel, pedíme que cante. La música no era lo mío, pero tenía un buen ojo para la fotografía. Entonces quise aprender cómo hacer películas, porque las películas tuvieron un impacto profundo en la historia. Las películas de propaganda nazi de Leni Riefenstahl, por ejemplo, que fueron herramientas poderosas para atraer a las masas. Pensé en convertirme en cineasta para dar un mensaje sobre el ambiente.

¿Cómo surgió la idea de Chemerical y abordarla desde el formato del reality show?
Es un formato que todo el mundo entiende porque está en la televisión, al que aparentemente la gente le gusta mirar. ¿Por qué no tomar algo que es popular y llenarlo con información que no lo es? Tenemos una película que trata de temas no populares pero puede ser vista de modo popular, haciendo un puente con la audiencia. El movimiento ambientalista necesita gente de marketing. Yo soy un cineasta pero hago marketing también.

Relaciono lo que me decís con Geempeace, que tiene una proyección muy publicitaria.
Creo que Greempeace siempre hizo un trabajo excelente.

¿Cómo fue el trabajo con la familia de tu film?  ¿Cómo te sumergiste en sus vidas cotidianas?
Fue como arriar gatos… Era una pesadilla porque el padre podía ser bueno para la película, pero la hija no, la madre sí… No son actores, son una familia real pero ven tantos realitys que era difícil conseguir momentos en los que no intentaran actuar. Fue difícil editar la película buscando los momentos genuinos.

¿Ellos aprendieron realmente cómo cuidar su salud?
Si ves la película podés ver una diferencia, hay un antes y un después. La madre se apasionó tanto que creó su línea de productos ecológicos. Creo que si dependés de los gobiernos o de las corporaciones para tener cambios, van a llegar muy lentamente, si es que llega. Como me dijo un viejo amigo y mentor, “la revolución empieza en casa”. Las familias tienen que darse cuenta de que tienen un gran poder para afectar en el ambiente. 

¿Proyectás una carrera en televisión, dada la masividad del medio?
Mi película anterior se pasó en televisión, en el Canal Sundance, y también en Francia, China, Corea… Es popular porque trata de un tema que le interesa a todo el mundo, y hoy estoy acá porque todos limpiamos nuestras casas.

Tu película tiene algo muy gráfico y a la vez expositivo, cercano a la filmografía de Michael Moore.
Sí, claramente. Al igual que todos los documentalistas que tomen teman duros y traten de convertirlos en entretenidos para capturar la atracción de las masas.

¿Sabías que en Argentina tenemos uno de los ríos más contaminados del mundo?
¿Dónde está? ¡Quiero ir a nadar en él! (Risas.)

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