Ezequiel Boetti
01/02/2010 18:43

Andrés (Conrado Valenzuela) vive frente a un centro clandestino de detención que sus ocho inocentes años le impiden ver. Su abuela Olga (Norma Aleandro), quizás por malicia, quizás por maldad, lo sabe pero opta por amparar el mundo en que se desenvuelve su nieto. Ése es el punto de partida de Andrés no quiere dormir la siesta, la ópera prima de Daniel Bustamante reconocida por la entidad que nuclea a las escuelas de imagen de sonido de Latinoamérica (Feisal) en el último Festival de Mar del Plata. Mientras aguarda el inicio de una proyección a sala llena, el director explica cómo trabajo el relato desde el punto de vista de un chico “como él en aquellos años” y analiza por qué varias películas de los últimos años (Los Rubios, Más que un hombre, El Secreto de sus Ojos, entre otras) revisitan a la década del 70 desde un enfoque más social que político.

Andrés no quiere dormir la siesta

(2009)

Tenés cuarenta años y te criaste Santa Fe ¿Andrés no quiere dormir la siesta es una película autobiográfica?
Lo autobiográfico es mi mirada sobre esa infancia. Yo no soy Andrés, pero sí tuve una infancia como él y sus amigos, de puertas y ventanas abiertas, de entrar y salir fácilmente de la casa del vecino y que entraran en la tuya, de jugar en la calle, de las barras de amigos. Lo referencial es cómo recuerdo y pienso a ese chico que era yo en ese momento.

Por eso la película tiene el punto de vista de Andrés.
Ése fue el desafío mas grande, que se mantenga esa mirada y que el espectador no sienta que es un adulto quien le habla a través de él.

Además es un punto de vista no solo narrativo sino también formal, desde el encuadre. La cámara se mantiene a la altura de Andrés y muchas veces el adulto queda fuera de campo.
Si el público le tiene que hacer una crítica a la película, dice que es filmada a manera clásica. Para mí es un elogio por que los chicos miran de esa forma. El universo de los chicos no es un mundo imaginario sino la baldosa de la casa o el árbol donde se trepan, y su línea de horizonte es la cintura de los adultos. Los encuadres son clásicos por que tienen el punto de vista de Andrés y responden a su mirada.

El protagonista (Conrado Valenzuela) tiene ocho años. ¿Cómo es trabajar con un chico de esa edad un tema tan complejo como la dictadura?
Esta película no habla sobre la dictadura sino que trascurre durante ella. La decisión de que sea contada a través de un chico es justamente a ese concepto, a esa idea. Lo que le pasa al espectador es que, si bien está viendo la historia a través de los ojos de Andrés, lo decodifica como un adulto. Para los chicos, un Falcón verde es nada más que un auto, para los adultos sí representa otra cosa. Eso hace que la película sea por momentos incómoda para el espectador, el publico tarda en reaccionar por que están mirando todo a través de los ojos de chico pero comprendiéndola como un adulto. Para Conrado todo era más casual, todo pasaba delante de sus ojos.

¿Esa incomodidad se refleja en el personaje de Norma Aleandro? Olga es un personaje que interpela al espectador
Olga actúa motivada por el amor. Uno no duda que ella busca lo mejor para Andrés, y verla tomando decisiones equivocadas, genera incomodad. Los espectadores me preguntan si es buena o mala, pero Olga es buena y es mala a la vez.

Gran parte de las primeras películas post-dictadura caían en el maniqueísmo del bueno y del malo. En este caso, el paramilitar que interpreta Marcelo Melingo juega con los chicos y saluda a los vecinos. ¿A qué se debe ese cambio?
Me parecía interesante jugar con la idea. Las investigaciones y referencias históricas indican que ese estereotipo no se condecía con la realidad. Ese personaje, que funciona como iniciador de Andrés en el lado oscuro debía ser un tipo encantador. Andrés tenía que verlo poderoso, canchero y respetado por los vecinos.

Tanto en tu película como en Más que un hombre (2007) y El secreto de tus ojos (2009) no se habla directamente del proceso sino que se la examina desde un enfoque más social. ¿Por qué?
No sé si responde a algo pensado. Uno siempre piensa que el único discurso a profundizar es la dicotomía militantes-militares, pero esa guerra sangrienta fue en un campo de batalla con más de 20 millones de personas que no militaban ni pertenecían a las fuerzas Armadas y que no fueron explorados en el cine. Quizás llama la atención cuando el punto de vista es el de el vecino común, sus motivaciones y las consecuencias de sus decisiones.

¿Está agotado el enfoque en militantes contra militares?
No creo que sea un tema que se agote. No hay más de 20 películas del Proceso. Comparado con España, que tiene más de 150 películas de la guerra civil, no tenemos nada. Creo que a la gente no le interesa ver, o ya vio demasiado, películas donde el discurso es político y no social, donde no se analiza lo que ocurría en ese momento y cómo eso condicionó ciertos modelos de sociedad. No es casual que la generación de Andrés, a la cual pertenezco, haya tardado en comprometerse política y socialmente. Son las consecuencias del modelo de educación y crianza de esos años.

¿El cine nacional maduró respecto a este tema?
Se permitió ser más reflexivo. Las películas de militares contra militantes eran necesarias para ese momento. Hoy es importante profundizar el análisis de los modelos históricos y no quedarse sólo en el discurso de que ellos eran malos y los otros buenos por que es obvio: El terrorismo de Estado no se puede justificar ni entender de ninguna manera. Hay que analizar qué pasa con una sociedad que permite que se instale un terrorismo de Estado. La capacidad de autocrítica te define como individuo y ciudadano. Lo que le pasa a la gente cuando ve la película es justamente eso: la catarsis de contar cómo era su situación en ese momento. Me parece bien que una película sirva para reflexionar. .

¿Te referís a explorar las culpas que pudo haber tenido cada uno en ese momento?
El hombre es el hombre y sus circunstancias y actúa como puede de acuerdo a cómo entiende que es la mejor manera de hacerlo. La película no es moralista, no decimos que está bien o está mal, sino que eso paso. Fui cuidadoso en que no se entienda que hicimos una película con la que pretendemos señalar que cierto tipo de gente tuvo responsabilidad. No solo sería un error sino una falta de respeto a la sociedad en ese momento.

¿Cómo estaría Andrés hoy?
Andrés está. Hay un modelo de ciudadano que no le importa más que el, que está deshumanizado, que no desarrolla ni entiende el bien común. Es importante reflexionar de donde viene ya que uno no es una persona que surge sino es consecuencia de su pasado.

Comentarios