Juan Pablo Russo
06/01/2010 18:24

Juan Sasiaín y Federico Godfrid se conocieron mientras estudiaban en la Universidad de Buenos Aires Imagen y Sonido. Una cosa llevó a la otra y juntos terminaron co-dirigiendo una de las películas argentinas con mayor recorrido internacional de 2009. Un año después de haber recibido dos premios en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y una mención del jurado en Karlovy Vary (República Checa), La Tigra, Chaco llega a las salas del Malba y Artecinema. Sin duda, uno de los estrenos más esperados de 2010.

La Tigra, Chaco

(2008)

¿Cómo surge la idea de La Tigra, Chaco?
Estábamos presentando un espectáculo (“Beto, el suertudo”) en el Festival de Monólogos organizado por Carlos Werlen en La Tigra. El espacio nos cautivó y lo que empezó siendo un comentario liviano, casi un chiste, mientras tomábamos un tereré (“estaría buenísimo filmar una película acá”), se convirtió en un proyecto que nunca dejó de crecer, inclusive después de haberlo terminado, porque nunca nos hubiéramos podido imaginar que la película haría el recorrido internacional que viene haciendo. 

¿Qué vieron en La Tigra que decidieron filmar allí, a pesar de estar a miles de kilómetros?
Hay muchas cosas que despertaron nuestra mirada. Caminás por la calle del centro y de un lado tenés casitas y hasta una gran fábrica abandonada, y del otro kilómetros y kilómetros de campos de algodón y nada más. Es un lugar muy interesante visualmente, pero a la vez y lo fundamental, es un lugar lleno de grandes personas que nos motivaron a hacer la película. Vos te parás con una cámara en la avenida Corrientes y a los diez minutos tenés un policía para ver si te puede sacar un mango o a pedirte infinidad de papeles, y cuando quisiste registrar un momento, ya pasó. Allá todo es distinto, todo es positivo a nivel voluntad y eso hizo crecer el proyecto. Son esas cosas invisibles que no te das cuenta hasta que terminaste de filmar y reflexionás sobre la experiencia. Desde el inicio, vos pensá que nos invitaron a pasar quince días, estuvimos instalados en una pequeña casa para escribir el guión. Ahí nos detuvimos a escucharlos, conocerlos, a fotografiar los espacios para la ficción que desarrollamos.

En la película hay un especial cuidado en la dirección actoral, que a mi criterio es uno de los puntos más altos del film, ¿cómo trabajaron este punto?
La escribimos pensando en construir una película de actores, algunos con formación y otros que nunca en su vida pensaron que podrían llegar a serlo, como Ana Allende (la Tía Candelaria). Encontramos dos grandes personas y talentos: Ezequiel Tronconi y Guadalupe Docampo. Durante dos meses en Buenos Aires estuvimos ensayando y luego durante el rodaje seguimos ensayamos sin parar. Muchos diálogos se reescribieron con los ensayos y ese trabajo da sus frutos.

Pero hay un punto más, tan importante como todos los ensayos en la dirección de actores, y son los vínculos. Fomentamos la formación de los vínculos entre los actores, tanto Eze con Guada, como Eze con su hermanito o su tía. Ezequiel fue a comer dos veces con Ana (La Tía Candelaria) a solas, antes de que llegara el día de filmar la escena del almuerzo, entonces cuando llegó el día prendimos la cámara y ya todo fluía.

¿Cómo eligieron a los actores secundarios?, ya que en su mayoría son nombres desconocidos.
La película nació del espacio, y del espacio debían nacer sus intérpretes. Salvo Roger -el novio de la Vero- y Claudia -la mujer del padre de Esteban- todo el resto del elenco está formado por no-actores. Ahora, todos ellos comparten una formación que los actores de Buenos Aires no tienen: haber nacido y vivido en La Tigra. Esa experiencia -que es la vida misma- es intransferible y los vuelve mejores actores para esta película que alguien que desconoce por completo ese ritmo, ese tiempo, ese forma de hablar. Buscamos personas que nos desnudaran con sus miradas. Con todos ellos, al hablar, los íbamos descubriendo y eligiendo para cada uno de los roles. Cabe aclarar que todos ellos terminaron interpretando personajes, no están haciendo de ellos mismos. Son muy talentosos, y el cine y el primer plano te permiten descubrirlos.

¿Cuáles son los pro y los contra de realizar una película co-dirigida entre dos?
Hace mucho tiempo que nos conocemos y afinamos, ese es un buen primer paso para co-dirigir. Nos conocimos en la Universidad de Buenos Aires, en la carrera Diseño de Imagen y Sonido. Desde ahí que veníamos estudiando, haciendo trabajos por dentro y por fuera de la Facultad. Nos complementamos muy bien y no dividimos roles. Creíamos y seguimos creyendo que podemos co-dirigir entre nosotros, pero la co-dirección es muy difícil, son muy pocas la personas con las que uno puede compartir ese lugar de la creación. En el caso de La Tigra, Chaco en particular, cuando empezamos a filmarla ya teníamos todos los planos de la película dibujados y más de dos meses de ensayos con los actores. Todas las grandes diferencias que teníamos las solucionamos ahí. Es genial compartir esta experiencia con un socio-creador. Lo importante es crear y afianzar el vínculo de trabajo con el equipo. Hay decisiones que hay que tomarlas en solitario y problemas que hay que solucionar de inmediato, y es ahí cuando dos cabezas afinadas resultan mejor que una.

¿Por qué La Tigra, Chaco se estrenó hace unos meses en algunas ciudades del interior y recién ahora llega a Buenos Aires?
Es interesante. Fueron varias causas. La primera es que queríamos que la película se estrenara en Buenos Aires una vez que terminase el grueso del recorrido internacional, porque al ser una película tan pequeña y humilde, necesitábamos de ese entorno y reconocimiento internacional para hacerla más fuerte, y creemos que ha sido una buena elección. Hay mucho interés y expectativa con la llegada de la película. Un año atrás hubiera pasado desapercibida. Eso nos demandó mucho trabajo y muchos viajes. Estrenar la película implica trabajo y también presencia; no podemos estar en la India y a la vez estrenarla acá. Sinceramente hay que cuidarla como si fuera un niño, acompañando su crecimiento. Dentro de esa óptica, hubiese sido imposible estrenarla a fines de septiembre-octubre. Era ir directo a la hoguera como fueron tantas películas argentinas. No tenemos un gran mercado interno, y con la gripe porcina y otras causas, casi todas las películas argentinas se estrenaron en el segundo semestre del año. Decidimos entonces empezar a mostrarla en distintos lugares del país, hacer el estreno en el Chaco y vivir esa hermosa experiencia y llegar al inicio del 2010 con el estreno en Capital Federal, que para nosotros es cerrar el círculo de la película.

¿Cómo recibió el film la gente de La Tigra cuando la estrenaron en el Chaco?
Ni bien terminó el Festival de Mar del Plata -donde obtuvimos dos premios- nos fuímos a hacer el pre-estreno a la Tigra y fue increíble. Creo que no queda un tigrense que no la haya visto, fueron tres días con cinco funciones por día y todas a sala llena. Había mucha expectativa y la verdad que la película ha sido muy bien recibida, están orgullosos de ella porque los representa. Es una película super honesta. Muchas veces uno ve películas filmadas en distintas partes del país simulando otro lugar. Eso nunca podría suceder en La Tigra. Cada espacio, cada locación, es La Tigra, el espacio habla.

¿Resulta fácil filmar una ópera prima en Argentina? ¿Tuvieron apoyo del INCAA?
Es muy difícil filmar. Hay un montón de factores que se tienen que dar para que el proyecto de filmar una película se haga realidad. Nosotros habíamos escrito un par de guiones con los que nunca pasó nada. Algunos ni salieron de nuestras computadoras. En este caso todo salió bien, no sabemos muy bien cómo fue que se dio, pero se dio. Contamos con el apoyo del INCAA, con un equipo de gente que se prendió en nuestra idea y por sobre todo, el apoyo y empuje de los tigrenses. El intendente nos llamaba para ver cómo íbamos avanzando con el proyecto… En resumen, hacer una película es muy complicado, pero si uno pone empeño y trabajo, las cosas salen y la película la terminás haciendo.

¿Hay planes de seguir dirigiendo en conjunto o creen de que es hora de que cada uno tome su camino por separado?
Seguimos pensando en conjunto con algo que hemos denominado La tigra cine, que nos une en criterios y en intenciones, pero los próximos dos proyectos que estamos desarrollando los dirigiremos de forma solitaria. Más que separados, la respuesta sería que seguimos trabajando en paralelo.

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