Ezequiel Obregón
14/11/2009 16:34

EscribiendoCine entrevistó en exclusiva a Ari Brickman, antes de que Cinco días sin Nora, film ganador del Premio Astor en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y que lo tiene como protagonista, se estrene oficialmente en Argentina. Reflexiones del actor mexicano y su mirada irónica sobre el cine, la vida y la muerte.

Cinco días sin Nora

(2009)
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La película es de temática judía, no obstante tiene una gran universalidad. ¿A qué atribuís esto?
Tengo la idea de que es por la historia misma. Pienso que es universal porque la historia se puede contar en cualquier lugar. Aparte de estar muy centrada en el enfrentamiento de esta cultura judía y la cristiana en México (un aspecto muy local) finalmente en la película es lo menos importante. Lo más importante es que hacia fuera se lee la historia porque es una historia de humanos en un asunto universal que es la muerte, y que es el intento de la creación de caminos de tolerancia. La tolerancia dentro del mundo es muy difícil. En general los humanos somos intolerantes y en la película se plantea muy bien el asunto de que el afecto es la única manera de lograr la tolerancia. Estos vínculos afectivos, las amistades -sean familiares o no- generan la posibilidad de la tolerancia. A través de la comida en la película (y creo que es mundial) se muestra que finalmente nos sentamos a comer y puede existir un momento de convivencia. Así, a pesar que después del postre y del café nos vamos todos peleando. 

¿La distancia entre la ortodoxia judía y las comunidades no judías es tan grande en México como se muestra en la película?
En México hay un asunto. Hablamos de un país de 110 millones de habitantes y la mayoría son católicos. Y entonces la comunidad judía es muy chica en México, creo que como cincuenta mil. Y están en un lugar muy localizable, en la ciudad de México. Es muy común que la mayoría de los mexicanos no sepan nada de la existencia de esta comunidad, y quizás de repente si sabe, lo sabe porque la ve en la calle. Pero no hay un conocimiento de la religión ni de las tradiciones. En ese pequeño lugar del país existen estos enfrentamientos, a pesar de que para que la película funcionara como ficción se tuvo que hacer ciertos ajustes a la historia verdadera. Está basada en una historia real de la abuela de Mariana, que tuvo catorce intentos de suicidio. Y lo logró. El entierro fue mucho más fácil en la realidad. Es así de intolerante la comunidad judía. Hay una cuestión muy conservadora que hubo que llevarla a otro nivel para que la película funcionara. 

Contáme cómo fue tu trabajo con Mariana Chenillo. Es una directora joven.
Mariana es de una claridad abrumadora. Tiene toda una claridad a la hora de escribir, algo que es un don. No cualquiera se puede sentar y escribir algo con una estructura tan clara desde el inicio. A la hora de trabajar con los actores tiene una búsqueda, es muy disciplinada con lo que está buscando y nos pide cosas muy específicas desde el hecho mismo de que cuando nos dio el guión nos daba un libretito personal para cada personaje que tenía su historia. Como una pequeña novela contándote lo que fue y lo que tiene que ser. Muy instructiva. Y creo es lo que le da el encanto. Se ve en la estructura de la película, en el tono y en las actuaciones. Y espero que lo siga logrando. Tengo mucha fe de que tenemos que hacer más de eso. Me gusta su visión y su empeño en que las cosas sean de determinada manera. De repente a uno le toca trabajar con otras personas y ¡hay tanta confusión! Mariana va sobre su objetivo y te ayuda a llegar.

Me parece muy llamativo de la película cómo se genera una atmósfera en torno a la presencia de un cuerpo muerto. Algo que –intuyo- es muy movilizador en cuanto a la actuación.
Absolutamente. Siempre digo que hacer de muerto es muy difícil. Es más difícil en el teatro, porque la gente te está mirando todo el tiempo. Nada más la presencia de ese cadáver en el cuarto permeaba el departamento. Estábamos en un onceavo piso, y estuvimos ahí casi siete semanas. Éramos como cincuenta encerrados en un espacio muy pequeño. Eso ya generaba toda una energía. Tratábamos de generar como cierto respeto de parte de todos al hecho de la muerte, de lo que estábamos hablando. Había momentos muy lúgubres. La última semana estuvimos en los cementerios. Nadie lo decía, pero había una energía muy oscura. 

¿Y en México hay como otra mirada sobre la muerte?
La muerte está en todas partes, todos la vamos a experimentar o la hemos experimentado, no en carne propia. Y de repente creo que los mexicanos nos damos este asunto de “nosotros no le tenemos miedo”, o lo festejamos. El día de los muertos es una fiesta, se acaba de hacer. Pero la muerte es la muerte, te vas a morir igual. Es interesante el enfrentamiento entre la cultura judía dentro de México y la muerte, y las diferentes costumbres. Vemos a la nana Fabiana que llega y quiere maquillar a la muerta. La costumbre judía dice que es mejor que el cuerpo quede liberado de todo, y que ya no se le otorgue la importancia que se le da en vida. Ahí vemos el choque cultural.

¿Qué visión tenés sobre tu personaje? Acaba de suicidarse su madre, y tiene que lidiar al mismo tiempo con su padre, el ex marido, que organiza el velorio y el entierro.
Mi personaje tiene la tristeza de la muerte de la madre, que es algo que es terrible. A todos nos pega. Yo creo que todo el mundo ya sabía que iba a ocurrir, porque ya lo había intentado tantas veces. Rubén es un personaje que creció en medio de esta familia completamente disfuncional, siendo hijo único de una pareja que no logró nunca entenderse, con una madre que se metía constantemente sustancias para poder seguir viviendo. Y un papá que se fue volviendo amargado, cínico y ateo. Rubén juega la función de ser el que los comunica. Se ha ido acostumbrando a cargar ese peso, por ello es un contrapeso al personaje del padre. Es un personaje gris, para que el personaje del padre funcione. En ese momento tan delicado le cuesta entender que el papá sea tan obstinado, y que no comprenda que la mamá tuvo deseos que deben respetarse. Más allá de que –a falta de una familia funcional y organizada- lo que decide es construir eso mismo en otro lugar. Tiene su mujer, muy conservadora, sus hijas y su suegro, que es un ser muy poderoso dentro de la comunidad. De ahí la presión del rabino durante toda la película.

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