Hernán Panessi
11/10/2009 16:41

En una discutida rueda de prensa, el director del documental La sociedad de la nieve (2007), Gonzalo Arijón, se prestó a responder las preguntas de la prensa argentina. Las palabras de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes en boca de un vocero cinematográfico.

La sociedad de la nieve

(2007)
8.0

¿Qué motivó la película?
Para ellos era importante la película. Tuvieron el sentimiento que después de Hollywood y del tratamiento de la historia de ellos los dejó como frustrados. Como que sentían que lo más importante de ellos quedaba en la anécdota. Cuando se formalizó la propuesta, para mí era muy importante que todo el grupo estuviera presente. No era nada fácil. Son 16, algunos que nunca habían hablado. Entonces, esta película queda un poco como legado.

Me motivo como vi a algunos de ellos. Cómo transmitían, cómo trabajaban la historia, en sus casas, en su vida cotidiana. Me interesó mucho el tema de la transmisión. Lo bueno y lo peligroso de todo esto es que lo que me dijeron me lo han dicho como amigo en este tipo de trabajo. Yo les pedí a ellos 24 horas de su tiempo. Hubo esa cantidad de horas para la producción de palabras, mas que para entrevista. Una charla intima en un lugar muy tranquilo de Montevideo (Uruguay).

A veces me decían cosas y se olvidaban que habían una cámara. Ahora dicen que soy como uno más de ellos. Que soy el número 17. Y acepté esa responsabilidad halagadora.

Lo fuerte de ellos es que no tienen nada que esconder, más allá de lo que hay. En un momento se pensó: “¡Lo que habrá pasado allá arriba!” y no, no pasó más nada (ni nada menos) que lo que pasó. Dentro de la desgracia tuvieron de alguna manera suerte. El mundo los abandonó rápido, en 10 días, y eso les permitió liberarse. También con esa avalancha, con esa experiencia de laboratorio, como que los ayuda, en cuanto a que ellos no tuvieron la elección de mirarse a los ojos y decirse “somos demasiados”. Esa suerte entre comillas.

¿Usted los conocía de antes a ellos?
Poquito. A dos o tres de los sobrevivientes, poco. Fui al colegio de ellos, somos de la misma generación. Nos conocíamos poco, de las fiestas, de jugar un poco al fútbol. No éramos amigos íntimos, pero me impactó muchísimo. Después la vida hizo que los conozca mejor.
[...] Hablar fue como la terapia de ellos. Con los años empecé a ver cómo hablan y cómo lo transmitían. Me dije a mi mismo “quiero hacer una historia de grupo y no un casting adentro”. Aunque los productores se ponían nerviosos porque decían “son demasiados”. Después es como que el grupo los convenció.

¿Cuál es la relación de ellos? ¿Se ven actualmente?
Sí, se ven mucho. Viven casi todos cerca. En Montevideo, cerca del aeropuerto. Se ven mucho. Y dicen: “Amigos no somos. Somos como hermanos”. Se pelean como hermanos, se quieren como hermanos. Se necesitan muchísimo. Al cabo de un rato, se separan un poco (de sus mujeres, de sus familias) y se necesitan encontrarse. Los tipos tienen un pacto de sangre muy fuerte.

Hace unos años, hicieron una fundación (a la que la película logró ayudar). Hacen actividades lindas. Una de ellas es un tema fuerte, y es del transplante de órganos.

En su película hay una profunda reflexión sobre los derechos humanos y los valores de los individuos. ¿Es conciente del mensaje de esperanza que tiene el documental? ¿Se lo propusiste o salió porque sí?
Soy conciente de eso. Intuía hacia donde quería hacer el film: hacia lo espiritual, lo filosófico. Elegí valorar esto. Había 100 películas posibles, o al menos 16. Sí, busque esa parte. Esto es lo que me interesó. Es un material que me sobrepasa. Trato de ser un piloto de un barco impresionante. Tiene muchas lecturas. Es como un gran viaje espiritual.

¿Cómo impactó la historia en la otra parte que no está contada? Es decir, en las familias de las víctimas no-sobrevivientes.
La reacción pública fue maravillosa. Lo aceptaron con gran altura, muy excepcionalmente alta. Yo había entrevista a algunas de las madres (maravillosas madres). Entonces, entrevistando a la madre de uno de ellos, que representaba a todas las madres, dijo que sintió que su hijo no estaba vivo y fue la noche del alud. Y yo le hice la pregunta “¿usted tiene algún problema con el tema en sí?”, me costó hacerla, a lo que me dijo “yo siempre dije que, con perdón de mis otros hijos, lamento no haber formado parte de ese avión”. Con todo lo que eso implica; es decir, compartir hasta el final. Estaba como diciéndome simbólicamente “lamento no haber estado arriba con mi hijo para hacer lo que hay que hacer”.

¿Ninguno le planteó que de pronto podrían haber elegido la muerte en su momento? ¿Todo el mundo quiso vivir?
Los que están hablando aquí son los que decidieron salvarse. Desde la humildad de mi respuesta, porque es una respuesta muy grande, yo diría que hubo algunos que tuvieron un gran problema al hacerlo, que lo rechazaban. En realidad, hubo un grupo “de avanzada”, digamos, “de vanguardia” que se la jugó. Se nota que adentro de un avión (o lo que quedó de él) no había unanimidad y hubo gran molestia durante unos días. Unos cuantos no querían. Lo que ayudó mucho en la decisión fue escuchar en la radio que la búsqueda había parado. Algunos dicen que en la avalancha sirvió para llevarse a algunos que querían irse. Lo sintieron así.

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