CRITICA

Ojo por Ojo

Una noche en Bangkok

El director tailandés Prachya Pinkaew debuta en occidente con Ojo por Ojo (Elephant White, 2011), film de acción seagaliano por donde se lo mire, protagonizado por el otrora actor de reparto Djimon Hounsou (que además produce) en un rol digno de un muy enojado Steven Seagal. De hecho, el guión viene de la mano de Kevin Bernhardt, que en los ‘90s talló films de acción para estrellas secundonas tipo Dolph Lundgren y Tom Berenger .

Valoración
2
Prachya Pinkaew
Estados Unidos
AM16
Comentarios

Church (Djimon Hounsou) es un asesino a sueldo suelto en Bangkok, compenetrado no tanto en infiltrar un círculo de trata de personas como simplemente desmenuzar a sus integrantes uno por uno con un rifle francotirador. Gran parte de la película transcurre tras la mirilla del rifle de Church, que baja mafiosos como enemigos en un videojuego. Siguiendo la misma lógica del videojuego, Church tiene más habilidades, munición, salud y vidas que sus oponentes, que sufren de pésimo AI y puntería.

Church cuenta con la “ayuda” de Jimmy (Kevin Bacon, poniendo un horrendo acento inglés), conspicuo mercader de armas, y Mae (Jirantanin Pitakporntrakul), víctima de la esclavitud sexual y ancla moral de Church, para quien como tantos héroes de acción antes de él, “la cosa pasa a ser personal”.

La película está producida en la sensacional Tailandia del neón nocturno y el vicio fácil; es todo lo que Hollywood imagina que es: exporta tanto a sus estrellas como su mirada cosificadora del crimen, que puede ser purgado de raíz a través del accionar descuidado de un individuo y una pistola. Djimon Hounsou da energía y cierto carisma a Church, mejor de lo que se espera del héroe de acción promedio, pero cualquier intento de actuación es sofocado por la unidimensionalidad de su personaje.

Las escenas de acción son coreografiadas con todo el amor por la violencia estética de la cámara lenta y el montaje veloz. En contra le juegan una pésima construcción del espacio (Church y sus enemigos florecen espontáneamente de una escena a otra, a menudo incoherentemente) y la ausencia de ritmo a la hora de editar la estructura de estas escenas, que se suceden tediosamente como en una cadena de montaje.

Alguna vez Roger Ebert concluyó una crítica (por coincidencia, sobre otro film con Kevin Bacon) que “básicamente esta es una película sobre un montón de gente disparándose entre sí”. Es verdad que la premisa vale para cualquier film de acción: va con el género. Este tipo de frases suelen ser invocadas peyorativamente cuando un film de género quiere disfrazarse de otra cosa. Ojo por Ojo intenta algo por el estilo con una subtrama de misterio y un giro sorpresa más obvio que el acento de Kevin Bacon. Pero puede que para ese entonces nada importe más que la catarsis de un disparo a la cabeza.

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