Coco antes de Chanel
Un mundo de hombres y chicas fáciles
Por Juan Pablo RussoLos franceses, como buena parte del mundo globalizado, se han dedicado en los últimos años a retratar a sus más famosos compatriotas y llevarlos a la pantalla grande, mediante una ampulosa puesta en escena, que en muchos casos deja bastante que desear. La vida en rosa de Olivier Dahan (La via en rose, 2007) fue sin duda la mayor apuesta francesa dentro del mundo de las “biopic” logrando un éxito indiscutible en todo el mundo. La directora Anne Fontaine vuelve sobre el género con Coco antes de Channel, un retrato cinematográficamente menor de quien se convirtiera en un referente de la moda para el mundo entero.
Coco Channel, no nació millonaria ni nada que se le parezca, su vida se asemejaba más a una “chica Tinelli” que a una señora de la sociedad. Pero a diferencia de estas “chicas Tinelli” Coco tenía un talento sin igual con la costura y eso le sirvió para convertirse en la primera mujer en llegar a la cima de la moda, sin prejuicios y ningún tipo de escrúpulos.
Audrey Tatou (Amelie, 2001) compone a una muy poco convincente niña-mujer enfrentada con un mundo de hombres. Personificando a una Coco que juega entre la inocencia y el desparpajo sexual, que no le importan los cuestionamientos, que sale con quien puede para obtener un provecho económico y así conquistar el mundo.
Con muy pocos referentes a la moda, salvando una que otra escena, en la que Coco decide revelarse contra el vestuario recargado de la época luciendo sus propios y despojados modelitos varoniles. La historia va y viene sobre los amoríos y desamoríos interesados o no de ésta mujer.
La carencia y fluidez en su ritmo narrativo como lo reiterativo de su trama convierten el relato en algo totalmente anodino y muchas veces innecesario. Salvando uno que otro recurso técnico como la reconstrucción de época, el diseño de vestuario o la utilización de una fotografía opaca, el film no se sostiene desde ningún otro punto vista.
Sobre el final vemos a una Coco Channel en medio de uno de sus desfiles, su llegada a ese momento fue mediante una elipsis temporal inexplicable, recostada sobre una escalinata vemos como la cámara la va tomando hasta fundirse en una fotografía en blanco y negro para luego dar paso a los títulos finales. Sin duda el mejor momento de esta innecesaria “biopic” que nos vuelve a ofrecer el cine francés.

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