CRITICA

La protegida del mal

Tres mujeres juntas son dinamita

Si piensan el mal que puede hacer una sola mujer con un secreto poderoso entre dientes, no se imaginan el que pueden hacer tres de ellas en un granero. En La protegida del mal (Harm’s Way, 2007) se luce Kathleen Quinlan en el rol de la anciana protectora que apaña a madre e hija en su granja. Aunque de protectoras no tengan nada ninguna de ellas.

Valoración
3
Melanie Orr
Canadá
AM16
Comentarios

Mavis tiene un secreto repleto de sangre. Junto a su hija Victoria huyen del pasado y se ocultan en una granja que cuida una dulce anciana. Los recuerdos del pasado conviven con el presente cubierto de tranquilidad. Los trabajos de la granja (de rehabilitación) son cuidar a los corderos y reparar el granero. Detrás de esta fachada de supuesta armonía se esconde el más cruel de los secretos.

Un suspenso provisto por el secreto mantiene en vilo la idea de que nada sucede en el film con formato televisivo. Pero nada es lo que parece en este tipo de historias y sobre todo si hay tres mujeres juntas, encerradas en un mismo ambiente. Nada bueno puede pasar. Chiste mediante, las “chicas” sacan sus lados oscuros para establecer y profundizar sus relaciones de madres absorbentes.

Y es aquí donde el relato adquiere dimensiones que re significan los elementos de la trama. Los corderos, las tres generaciones que componen cada una de las mujeres y sus instintos más básicos que pueden llegar a ser letales, elevan a una película menor de bajo presupuesto a un producto al menos interesante.

Tal vez la segunda parte suceda en una peluquería…

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