CRITICA

La Princesa de Nebraska

Relato Minimalista y Emotivo

Valoración
4
Wayne Wang
Estados Unidos
AM16
Comentarios

Si hubiera que hallar una correspondencia entre La Princesa de Nebraska y la literatura, el haiku es más que pertinente.  No sólo comparten su origen oriental (la protagonista del film es china, el haiku es una forma poética japonesa) sino también –y por sobre todo- el minimalismo con la que dejan fluir sus significados.

El film de Wayne Wang sigue los rastros de la joven Sasha en un día más que decisivo para su vida.  Ha viajado desde Nebraska (donde reside y estudia) a San Francisco para abortar al bebé que engendró con Yang, bailarín de la ópera de Pekín con quien mantuvo una relación corta.  En San Francisco la espera Boyen, americano y pareja de Yang, deportado por el gobierno Chino por colaborar con un periodista en un artículo sobre SIDA.

El relato se desarrolla con todo el nervio que le imprime la cámara en mano.  Se trata de un realismo intimista y urbano que fluctúa entre la intimidad de Sasha y los lugares de tránsito que dejan en evidencia una ciudad multicultural, fría, globalizada.  Por medio de un anecdotario de situaciones cotidianas, el espectador percibe la inquietud y el desamparo que vive la joven a través de sus mínimos gestos y su deambular.  La forma en la que se relaciona con las personas, las barreras culturales que debe sortear en cada momento, y –por sobre todo- los tiempos de fuga que buscan distanciar el embarazo no deseado son los motivos que dan cuenta de su psiquis.

La Princesa de Nebraska es una película de climas, y el hecho de que la historia transcurra en un solo día le aporta mayor nivel de tensión e identificación con su protagonista.  Con planos que capturan espacios y objetos de forma picada y contrapicada el film parece objetivar el desequilibrio interior de Sasha.  La sensible composición de Ling Li complementa ese malestar con sentimiento y convicción.

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