100 % Lucha
Piñas Van, Piñas Vienen
Por Ezequiel ObregonA veces, quienes llevamos adelante una labor crítica nos preguntamos para quién es nuestro trabajo. Suponemos que muchos leerán lo que escribimos, a otros (la mayoría) les resultará indiferente, y –tal vez- a algunos les parecerá enriquecedor nuestros textos, y otros menos serán motivados o no a asistir al cine en base a lo que acaban de leer.
No es mi objetivo que una crítica mía motive a alguien a pagar o no una entrada, pero esta reflexión me sirve para puntualizar que no creo que lo que yo escriba le “sirva” objetivamente a 100 % Lucha, al menos en términos mercantiles, dado que de su visión la única conclusión a la que llego es que es una película hecha sólo con fines comerciales. Hecha esta reflexión, “vayamos” a 100 % Lucha.
El argumento se reduce al plan de un mafioso interpretado por Carlos Kaspar, quien lidera una banda dedicada a la lucha ilegal. Para hacerse aún más rico, comienza a secuestrar a los integrantes del programa luego de inventar un absurdo plan para manipular el resultado de las peleas y –de este modo- retener todo el dinero de las apuestas.
100 % Lucha no es una película fallida, es casi una falla en sí. Está plagada de errores de continuidad, muchos de los cuales son “tapados” (o casi) por un montaje vertiginoso que –en el mejor de los casos- busca imitar la estética del comic. Las actuaciones son casi nulas, más bien podríamos decir que los luchadores “representan” las ideas argumentales. En el medio, apariciones especiales de Marley, Jorge Jacobson, Mario Pergolini, entre otros.
Tanto las apariciones como los errores de continuidad pueden ser celebrados si se mira a la película en clave bizarra (lo más recomendable), pero lo cierto es que de todos modos le falta timing, un poco más de autocelebración y algo más de consistencia para llegar a generar cierto grado de empatía con el espectador.
Las peleas: una anécdota. Están filmadas con escaso rigor narrativo, no generan tensión. En el medio hay una suerte de héroe infantil con escaso vuelo, un romance maniqueo e inverosímil, y no mucho más.
La aparición final de Axel Kuschevatsky es una suerte de parodia de la reflexión que hice al comienzo. Habrá que ver qué me produce la película de aquí a diez años, quizás para entonces se amplifiquen las pocas risas que me arrancó esta película mediocre.

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