Bastardos sin Gloria
Cómo Entretenerse Matando Nazis
Por Ezequiel ObregonLa nueva película de Quentin Tarantino es –como sus anteriores films- un homenaje al cine de género, en este caso el bélico. Pero es algo más. Tal vez sin que su director se lo haya propuesto explícitamente, Bastardos sin Gloria es una reflexión sobre el mal y la locura alrededor del poder.
Corre el año 1941 en Francia. Los nazis han ocupado el país. El clima es sórdido. Y en nuestro imaginario el contexto es más fácil de “reponer”, teniendo en cuenta que la guerra ha sido retratada ampliamente en el cine, desde su género propiamente dicho pero también a través del noir y el cine de espías. Con las primeras imágenes nos llegan algunos acordes de Ennio Morricone y la primera –implacable- secuencia deja una herida abierta. Datos clave: guiño al spaghetti western y una (posible) venganza. Veremos un film de guerra, pero a través de la mirada de Tarantino.
A esta flamante ola de violencia y locura se contrapone el grupo de los Bastardos sin gloria, una pequeña tropa de judíos que matan nazis –al igual que ellos- con una violencia atroz. Son pocos, pero tan contundentes que hasta el propio Führer está preocupado por cómo actúan. Con recursos narrativos que el realizador ya ha utilizado (frases que los señalan y describen sus “prontuarios”, por ejemplo), el relato cobra agilidad. Los personajes forman un todo pero al mismo tiempo tienen rasgos distintivos que resaltan la comicidad presente en todo el metraje. Se destaca “El Apache”, interpretado por Brad Pitt, comandante de esta fuerza que exige a gritos el cuero cabelludo de cada nazi asesinado.
No tardará en llegar a los oídos del líder el anuncio de la avant premiere de una película propagandística basada en la masacre producida por un joven soldado tan risueño como peligroso y estúpido. Oportunidad única para deshacerse de Hitler y la cúpula nazi. A esta línea del relato se suma otra, centrada en la el plan de venganza de una joven sobreviviente.
Si bien aparecen los extensos diálogos que el realizador siempre emplea, la película está narrada con la solvencia narrativa, dura dos horas y media y sostiene su ritmo. El desempeño del elenco es impecable (hace tiempo no veíamos una elección de casting tan apropiada), y se destaca la composición de Christoph Waltz, quien interpreta a un astuto coronel nazi. Por su labor fue premiado en Cannes.
Al igual que El libro negro (Zwartboek, 2007) de Paul Verhoeven, en Bastardos sin Gloria la mirada sobre un hecho funesto para la humanidad no se deslinda de la idea de entretenimiento. Por el contrario, problematiza sobre la relación entre pasado y memoria haciendo altamente empáticos a los héroes del film, sobre todo cuando matan de manera brutal, algo que Tarantino ya ha explorado en toda su filmografía. Las citas y homenajes siguen estando, como una marca a fuego de su autoría. Pero si en algunos casos llegaban a ser insustanciales o insípidas, aquí resultan valiosas. Sobre todo el placer que suscita descubrir las referencias a varias películas, resignificadas hacia el final, en donde el cine deviene espacio de venganza, construcción de la historia. Un lugar en donde las subjetividades entran en combate.

Facebook
Twitter
