La Chica del Parque
Lágrimas de Cocodrilo
Por Ezequiel BoettiFilmada dos años atrás y jamás estrenada comercialmente en Estados Unidos, su país de origen, La Chica del parque es un lacrimógeno drama que remite a las producciones televisivas que ocupan el prime time de Hallmark Channel.
La ópera prima de David Auburn (antes guionista de La casa del lago y La prueba) aspira a profundizar en el dolor y la culpa que, dieciséis años después de la desaparición de Maggie, todavía carcome las entrañas de su madre Julia, quien despojó un instante los ojos de la niña segundos antes que se esfumara. En la actualidad, ella permanece ensimismada en su eterno duelo hasta que la jovial e irreverente Louise (Kate Bosworth) parece devolverle el sentido a su existencia.
Aunque el espectador medianamente entrenado en el arte de ver cine note con antelación hacia dónde irá el relato (la construcción del vínculo filial entre las féminas o la duda sobre si ése es algo mas que emocional), la película se toma gran parte de su metraje para establecerlo. Finalmente, cuando decide hacerlo, el relato ya está deshilachado y la atención tan desfocalizada del eje que difícilmente la atención se reencauce.
Pero endosarle a la trama toda la mochilla de los defectos de La chica del porque es pecar de injusto y perezoso. En una película como ésta, que cimenta todo el peso de la trama en un complejo personaje, es necesario que la intérprete tenga la suficiente capacidad actoral para soportar el peso de semejante responsabilidad. Si dejáramos volar la imaginación y nos trasladáramos al fantasioso terreno de las suposiciones, Meryl Streep o Susan Sarandon son mujeres de espaldas anchas que podrían cargar la enorme responsabilidad de éste protagónico. Pero nada más lejos de la realidad, ya que es Sigourney Weaver quien pone su largo cuerpo (1,82 metros de estatura) al servicio de Julia.
La protagonista de Alien, el Octavo Pasajero (Alien, 1979) y Los Cazafantasmas (Ghostbusters, 1984) atraviesa un período de su carrera donde buscar ser tomada “en serio” -ver también: Amores en la nieve (Snow Cake, 2008), estrenada hace algunos meses, donde interpreta a ¡una autista!- pero es incapaz de transmitir la abulia y el ascético en que Julia desenvuelve su lacónica existencia.
Si el peor y más profundo pesar que puede atravesar el ser humano es la pérdida de un hijo, Weaver es incapaz de transmitirlo en pantalla. Sus gritos y mohines dan ganas de llorar, pero de risa.

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