El Destino Final
La muerte (con anteojitos) le sienta bien
Por Ezequiel BoettiFue en un avión, luego en una autopista y hasta en un parque de diversiones. Sin agregar demasiado a la franquicia, El destino Final encuentra su máxima atracción en el novel formato 3D.
La premisa de la que parte David R. Ellis (al mando de la segunda entrega en 2003) es más (o menos) de lo mismo: un grupo de adolescentes que se salva de una tragedia en un autódromo descubren que la muerte los acecha y se proponen, menudo objetivo, evitarla.
Con escasas ideas argumentales que apuntalen la trama, las formas prevalecen por sobre los contenidos: las muertes siguen siendo un loop de circunstancias fatales donde predomina la gracia ante el miedo, sólo que ahora se le adozan elementos que "vuelan" contra la platea. El Destino Final es la segunda muestra de exploración formal que hacen los directores del género ante una innovación que aparenta ser trascedental e imperecedera, y cuyo primer exponente es Sangriento San Valentín 3D (My Bloody Valentine, 2009), aún en cartel.
Este cambio de paradigma es similar a la inclusión del sonido a finales de la década de 1920, o a la génesis del color años más tarde: será necesario que se aquieten las aguas, que trascurra el tiempo y las películas para que la obnubilación ante la apoteosis visual pasé y se comience a pensar en integrarlos a la relojería cinematográfica (trama, guión, puesta en escena y de cámara). Los directores jugarán con el 3D arrojando mandíbulas, desnudando exhubuerantes mujeres o intentando flambear a los espectadores hasta que estén (ellos y la tecnología) maduros para interactuar con funcionalidad.
El Destino Final apuesta no al terror tradicional sino a la muerte como acto cínicamente lúdico. Ellis no busca empatizar con los sosos y desabridos personajes, cada entrega más superfluos e interpretados por actores de movimientos más toscos y más sobreactuados (Shantel VanSanten y Haley Webb encabezan la lista) . Por el contrario, la tontera inherente a cada uno de ellos (ver sino el "Hunt" de Nick Zano) provoca el deseo irrefrenable de que la muerte acorte camino y los encuentre cuanto antes. Al fin y al cabo, ése es el único objetivo de sus concepciones.

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