CRITICA

Mi Vida en Grecia

La gran siesta griega

Mi Vida en Grecia pretende ser una comedia moderna, con toques de romanticismo enmarcado en un fabuloso escenario griego, pero del dicho al hecho -dice el refrán- hay un trecho y aquí los planes no llegan a realizarse. El resultado es una comedia sin sabor, que cae en convencionalismos y peca de ser demasiado elemental y forzada.

Valoración
1
Donald Petrie
Estados Unidos
ATP
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La película nos cuenta un viaje por las bellas e históricas ruinas griegas. Georgia (Nia Vardalos) es una profesora de historia que dejó su empleo y ahora se dedica a ser guía turística. El quiebre emocional de su protagonista es el punto de inflexión y centro de la trama, donde se encontrará en medio de una travesía de autodescubrimiento, de ejercicio espiritual y en búsqueda de una relación a medida que desfilan excéntricos personajes que, sin demasiada suerte, pueblan la trama de esta desencantada comedia.

El autor de esta historia, lejos de compararse con el film anteriormente citado, nos brinda un rejunte de gags tan anquilosados y cargado de lugares comúnes que no hacen mas que contribuir a la mediocridad de un film cuya casi nula solidez argumental infiere de forma directa en el desarrollo de sus personajes totalmente vacíos, a los que solo el talento de Richard Dreyfuss permite, por momentos, disimular una comedia romántica olvidable con contadas pinceladas de acierto. Nia Vardalos se presenta con un personaje repetido que desborda más simpatía que sensualidad, dueña de monólogos ácidos sobre la guerra de sexos que termina convirtiéndose en victima de las irregularidades que transmite la trama.

Los protagonistas de la película realizan un recorrido turístico corriente, interminable y monótono. Dicho arquetipo, paradigma de los paseos más aburridos y predecibles menos deseables, es una parábola que puede trazarse con el recorrido interno que experimenta la protagonista. El turismo más banal se emparenta con el vacío que provoca la contemplación de este encuentro espiritual. La cuna de la civilización es el escenario de una película donde el paisaje histórico está de más, donde la referencia cultural lejos de enaltecer la comedia la aburre aún más. Y cuando el aburrimiento se torna constante allí aparece la ligereza a la hora de hacer humor y la estigmatización y cuasi discriminación de sus personajes, estereotipados en sus conductas.

No alcanza con vender un producto bajo la premisa de “los productores de…”, “la protagonista de…”. La honestidad creativa, una vez más en este film, ha mostrado su cara más burda y menos funcional a entregar un producto digno. La previsibilidad que desborda el relato atenta contra la paciencia del espectador, objeto receptor de las incertidumbres e infortunios amorosos de su protagonista, quien se estanca en el relato y no permite evolución alguna que al menos genere un mínimo de entusiasmo. Este city tour bien valdría la devolución del pasaje.

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