Capitalismo: una historia de amor
El antihéroe americano
Por Ailen Rodriguez FontaoNo por nada Capitalismo: una historia de amor (Capitalism: A love history, 2009) de Michael Moore se inicia con una advertencia. Lo que estamos por ver, si es que nos atrevemos, es el sueño americano desvaneciéndose o mostrándose realmente tal cual es. Esta vez el antihéroe americano denuncia al sistema capitalista de Wall Street, analiza la crisis financiera mundial y la economía estadounidense en plena transición entre la administración de George W. Bush y la de Barack Obama.
¿Qué ocurre cuando un gobierno cede el control de su país a las leyes del mercado?¿Qué sucede cuando todas las decisiones son tomadas en función de intereses privados? Planteando como eje central la importancia de la democracia, Moore cuestiona la eterna y tormentosa historia de amor de los Estados Unidos con el sistema capitalista.
Las habilidades del director para el manejo de los procedimientos del documental siguen intactas, no dejan nunca de sorprender. El uso de imágenes de archivo, la inclusión de videos caseros de su infancia, la intervención irónica tanto en antiguos films como en propagandas, se ven acompañados por el uso recurrente del humor ácido que por momentos compensa situaciones de gran dramatismo.
Gracias al didactismo que lo caracteriza, logra exponer con mucha simpleza cuestiones políticas que para el grueso del público podrían resultar por demás complejas. Moore se convierte así en el gran maestro del pueblo estadounidense que, por momentos, duda de la moralidad y de la libertad que dicen caracterizarlos.
En este documental/panfleto político, el director de Bowling for Columbine (2002) parece sorprenderse de los primeros intentos del pueblo de luchar contra este sistema que, ahora, le resulta opresor. Revaloriza el lugar de la democracia, el voto y parece esbozar una tímida llamada a la revolución. Inevitablemente su visión, tanto de las soluciones (la llegada del Mesías Obama) como de la problemática, no deja de resultar naif. Cree descubrir el germen de un futuro socialismo, la invención de las cooperativas o la toma de fábricas por parte de los empleados.
El egocentrismo norteamericano, hecho carne en Moore, se expone una vez más.

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