Ataque extraterrestre
Cultura pop, videojuegos y clase B
Por Benjamín HarguindeyCon indulgencia de ciencia ficción a lo serie B, Ataque extraterrestre (Attack the Block, 2011) trata la llegada de simios espaciales caídos en los malos pagos al sur de Londres. Un grupo de jóvenes delincuentes sale a recibirlos armados con bates, espadas y pirotecnia. De suerte que es la noche de un feriado nacional y hay fuegos artificiales por todos lados y sino, ¿De dónde sacarían la mitad de su arsenal?
El film se estructura entorno a la Torre Wyndham (“entre Huxley y Ballard”) y los largos trechos de pasillos, escaleras y ascensores que nuestros antihéroes han de sortear para sobrevivir el ataque –espontáneo, vicioso y mayormente sinsentido– de las criaturas alienígenas, marionetas baratas que refugian su autenticidad con montaje y trucos de luz. Su diseño resulta minimalista a la vez que original, suerte de siluetas sin textura ni relieve.
El entusiasmo con el que salen a matar pronto degenera en un pánico más verosímil al comprobar la potencial fatalidad del ataque. En parte horror, en parte comedia; ya que los jóvenes protagónicos no saben leer la situación sino a través del prisma de cultura pop que son los videojuegos y las series de televisión a través de los cuales se han criado.
Se trata de un ejercicio puramente genérico, con el plus de un análisis social que viene de las interacciones entre sus personajes. Los actores, en mayoría desconocidos e inexperimentados (el director los ha sacado directamente de colegios secundarios), aportan al tono recrudecido y autóctono del film. Vale la pena mencionarlos. Cada uno de sus personajes describe un nítido arco evolutivo que, si bien moralmente previsible, cuadra con su buena actuación.
Es la ópera prima del director inglés Joe Cornish, que se vale de un presupuesto más bien bajo para contar su pequeña gran invasión extraterrestre. Se ha comparado su debut al de John Carpenter, aquel gran cineasta del asedio que hizo nido en el terror. La película de Cornish no descubre nada nuevo, pero se abre paso con energía y reverencia hacia las huestes del género.

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