Emiliano Basile
17/10/2020 05:10

Mucha repercusión tuvo esta película durante su rodaje allá por el año 2014. Que una turista le dio una porción de pizza a Richard Gere sin saber qué era él cuando filmaban con cámara oculta, el mismo actor declarando el sentimiento de ser ignorado como ser humano por los transeúntes en plena ciudad de Nueva York, cuando se mimetizaba para el personaje. Justo él, reconocido a escala mundial.

Invisibles

(2014)

Paradójicamente poco se dijo de esta producción independiente dirigida por Oren Moverman, luego de su estreno, de hecho ni siquiera se estrenó en Argentina. Hoy se la puede ver en la plataforma Mubi.

Es que la película es una suerte de documental de observación sobre el día a día de un indigente (Richard Gere, también productor) qué pasa sus días entre paradores para dormir y el reencuentro con su hija adolescente a quien abandonó de pequeña.

Con esa pequeña premisa Invisibles (Time Out of Mind, 2014) avanza lenta y paulatinamente en una constante repetición de situaciones. En ese describir de cerca, y reposándose en la interpretación de Gere (que sin ser magistral es cierto que resulta atractivo verlo mendigar) el film intenta construir el pesar opresivo de un hombre de la calle, que carece de necesidades básicas. La cámara a distancia parece suficiente para trasmitir el drama y angustia de las personas en esa situación.

Y es cierto en parte, porque las dos horas de duración se siente demasiado extensas para la inquietud mínima que atraviesa el personaje (recuperar la relación perdida con su hija luego de hundirse en el alcohol tras la muerte de su esposa). Lo demás es la descripción de circunstancias propias de la indigencia: el desalojo, la locura, la pelea con los pares, la falta de contención afectiva, en definitiva, la deshumanización.

No hay críticas al sistema social, salvo pequeñas y temerosas escenas de reclamos al servicio de asistencia o las trabas burocráticas para obtener las ayudas del Estado. Pero lo social se diluye en lo individual pesando más el vínculo con su hija como el motivo de todos sus dramas. Y ese conflicto como dijimos, es muy light como para sostener la narración.

Pasará a la historia como el film en que Richard Gere hace de vagabundo y está bien que así sea. El hombre se da el gusto de buscar papeles que le impliquen una demanda como actor, y nosotros nos sentimos atraídos por verlo sufrir.

4.0

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