Matías Campo
08/10/2020 12:43

Se estrena en la plataforma de Cine.ar esta coproducción hispano-argentina, protagonizada por María Marull, donde una psicoanalista, amante del tango, mata por accidente a un policía y oculta el crimen, al mismo tiempo conoce y entabla relaciones con la viuda del asesinado y con el policía que investiga el crimen.

Naranjo en flor

(2008)

Malena (otro guiño al tango) una psicoanalista de aparente vida gris que tiene pacientes en estado de ebullición (mujeres que desean solo saciar su apetito sexual, hombres que piensan que las mujeres son sumisas o busconas) protagoniza un asesinato accidental, tras ese hecho decide cambiar su actitud de vida en todo sentido.

En ese pasaje conoce a la viuda del policía y entabla una amistad con ella, también conoce a Carlos, el policía que investiga el caso y se enamora. Lamentablemente lo que sigue luego es una sumatoria de clichés, un argumento muy remanido y actuaciones un tanto erráticas (la excepción es Eduardo Blanco en el personaje de Carlos, que está muy medido y profesional como siempre).

La película atrasa, si realmente atrasa, y no solo por la situación obvia de que fue filmada (y estrenada en los cines hace doce años), sino porque maneja tópicos que ya estaban en desuso incluso en el año que fue filmada. El primer gran problema es que el mismo director juzga a sus personajes, lo que vemos es gente rota que parece no tener una mirada humana de la vida y a través de ello no podemos llegar a empatizar con las situaciones por las que pasan.

Por otra parte la visión sobre la mujer, ya sea en los personajes de Malena, en sus pacientes o en la esposa del policía asesinado son visiones sesgadas y de un prejuicio importante sobre las mismas, si bien tenemos la salvedad que esta película tiene varios años (donde los derechos de las mujeres y la visualización de sus problemáticas no estaban tan en boga) no deja de ser un detalle incómodo para el visionado de hoy en día.

La estética también tiene detalles para observar, es una estética claramente ochentosa, que nos remite a esos policiales de Juan Carlos Desanzo como eran El Desquite (1983) o En Retirada (1984), películas que en esa época funcionaban muy correctamente y tenían una trama de buen policial. Aquí el inconveniente es que inspirarse en una estética no siempre ayuda a trasmitir las mismas sensaciones que esas películas tan logradas.

Antonio González-Vigil filmo un policial que no levanta vuelo en ningún momento, con un guion que nos muestra personajes que viven en una oscuridad muy densa, donde la moral no parece ser un bien preciado, dejándonos un sabor un tanto amargo, como si fuera un tango triste, una fruta amarga, muy lejos del sabor dulce de una naranja.

3.0

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