Rolando Gallego
09/09/2020 10:25

Ya se puede ver en Mubi Perros espaciales (Space Dogs, 2019), película dirigida de manera conjunta por Elsa Kremser y Levin Peter, que propone una mirada necesaria sobre el progreso científico, su afán de avanzar y la inexplicable decisión de utilizar a la naturaleza como chivo expiatorio, y, en contraste, el presente de una manada de perros que deambula por Moscú, sin ningún tipo de plan más que subsistir, olvidados a su propia suerte.

Perros espaciales

(2019)

Cuando se contaba, casi de manera graciosa, las primeras experiencias de viajes espaciales en las que animales como perros, monos, y hasta tortugas, se pensaba en el destino final de los mismos casi de manera poética. Pero al avanzar en el metraje de Perros espaciales se demuestra que el relato con el que se intentó contar los hechos no fue más que mentiras.

Archivo y observación configuran los materiales con los que Elsa Kremser y Levin Peter avanzan en este crudo y duro relato sobre animales utilizados como chivos expiatorios para incongruencias científicas que terminaron con la vida de muchos de ellos, una historia oficial guardada en algún cajón cerrado con siete llaves.

Esa es una parte de la historia que se presenta, la que, narrada en off por el intérprete Aleksey Serebryakov (Leviathan), no hace otra cosa más que demostrar que el conflicto entre aquello que se conocía, la verdad, y el presente, configura una realidad que demuestra aquello que con el afán de progreso se termina diezmando todo lo que se necesite y desee.

Pero los directores van más allá, intercalando el pasado con el presente de una jauría de perros a los que acompañan con su cámara, en todo momento, en una propuesta casi antropológica sobre aquello que los animales perciben sobre su entorno, cómo se acercan a nuevas experiencias y cómo se reposicionan ante lo desconocido.

Así, entre esos dos puntos, se teje una narración que intenta responder sobre la pregunta que durante los primeros viajes espaciales de los animales se hacía, queriendo saber sobre su verdadera experiencia, qué habrían visto y conocido sobre el universo, que el hombre desconocía, contraponiendo la respuesta con la decisión de revelar situaciones cotidianas de perros en la actualidad, los que, con su instinto, exploran y se exploran con grandes niveles de ansiedad y energía, alejados del hombre y su dominio.

Laika, 65, sólo nombres en una expedición al infinito y más allá que sostuvo una carrera espacial que se valió de animales para experimentar antes de dar el gran paso, sabiendo que muchos no regresarían, posicionando el poderío humano sobre la naturaleza.

Y ese dominio, en pos del progreso, persiste, y si bien ya no se habla de avances científicos, vemos cómo el hombre sigue controlando, con la fuerza ejercida sobre un pequeño mono para transformarlo en objeto de entretenimiento y festejo, o, la decisión de eliminar de la peor manera a los perros callejeros.

Perros espaciales es una película que incomoda, porque pone en evidencia la necesidad humana para domesticar y controlar, para someter y presionar, para revalidar poderío con fuerza y precisión, tomando decisiones que en pos del progreso arrasan con todo, y que una vez se consigue aquello por lo que se peleaba, se deja a la deriva, se discontinúan procesos, y se olvida de todo aquello aprendido sin reflexionar de los daños colaterales que se han provocado.

Mención aparte una particular escena en la que participan los perros y un gato, que una vez más cuestiona los límites de la censura, qué se puede mostrar y qué no en la pantalla, provocando y exigiendo distanciamiento para comprender que su incorporación en el relato permite abarcar la dimensión instintiva de los animales, que siempre, siempre, estará alejada del control humano.

7.0

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