Fernando E. Juan Lima
17/08/2020 12:15

Se nota que Matías Piñeiro disfruta lo que hace. Y eso es muy difícil de mentir, de engañar, da actuar. Incluso en el cine, artificio por excelencia. Ya en Todos mienten (2009, mi descubrimiento del director… y perdón por el juego de palabras, muy pertinente, por cierto) estaba presente ese placer por lo dicho y lo ocultado, por los contrastes entre el contenido y las formas. Y claro está, un espíritu lúdico abierto siempre al descubrimiento.

Isabella

(2020)

En su nueva “shakespereada” (como bien las denomina el autor), la protagonista Mariel (María Villar) está preparándose para una audición para interpretar a Isabella en Medida por medida. Inconvenientes y necesidades la llevan a acercarse a su hermano para tratar de lograr su cometido y, a esos fines, qué mejor que encontrarse “casualmente” (aunque ello le lleve 15 minutos de entrar y salir de la pileta a la que sabe que va Luciana) con la amante de aquel. Actriz también, Luciana opera como extraño espejo deformante que la lleva a preguntarse si la actuación es efectivamente lo suyo.

Puesta en escena y repetición de la obra, análisis de ella y del proceso creativo, juego de reflejos en el que los espejos no respetan del todo la realidad. ¿Qué realidad? El ir y venir en el tiempo, el cambio en los cuerpos, relaciones y paisajes, nos llevan movidos por la intriga y el placer. De ese modo que sólo el director de las también hermosas Rosalinda, Viola, La princesa de Francia y Hermia & Helena sabe hacer.

No hace falta esperar a los títulos para saber que estamos ante una película de Piñeiro. Sí es cierto que, más allá de ejes temáticos y formales, el realizador siempre mantiene un equilibrio entre continuidad y ruptura. En su nueva shakespereada la explosión de colores (el diseño de imagen, de principio a fin, es absolutamente hermoso) sorprende tanto como aquel subterráneo que permitía viajar de Norte a Sur por todo el continente en Hermia & Helena.

He leído por allí que Isabella es una película experimental. No comparto esta afirmación. ¿Tan mal nos han hecho las series que cualquier disrupción en la estricta lógica causa-efecto que todo lo que nos saque de la deriva telenovelesca deba llevar aquella etiqueta? Si la última película de Matías Piñeiro es experimental, lo es menos en el sentido en el que habitualmente usamos este adjetivo cuando hablamos de cine, que en la puesta en valor del ensayo, de la experiencia. Claro que para la real academia eso también tiene que ver con el experimento; pero aquí el ánimo de búsqueda o investigación no se relaciona con el hallazgo de algo, con la confirmación de una hipótesis. El cine de Piñeiro se basa en el propio placer de la experiencia.

8.0

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