Juan Pablo Russo
22/06/2020 13:33

Inspirado en el caso real de Bryon Widner -un skinhead que abandonó el supremacismo blanco, y brindó información para poder detener a varios integrantes del grupo que integraba-, el cuarto largometraje de Guy Nattiv, Cabeza rapada (Skin, 2018), que se estrenó en Netflix tras obtener el Premio FIPRESCI en el Festival de Toronto, se erige en un texto esencial sobre el racismo a través de un guion lineal que narra el derrotero existencial de un joven skinhead. El cortometraje homónimo precedió a esta obra, llevándose el premio al mejor cortometraje de ficción en los Oscar.

Cabeza rapada

(2018)

Bryon (Jamie Bell) es un joven criado por supremacistas blancos. La dureza de su educación provocó un profundo odio en el corazón del joven y también en su piel, cubierta de tatuajes con lemas y símbolos de extrema derecha. Sin embargo, cuando Bryon se enamora de Julie, decide abandonar el círculo de odio y violencia en el que se encuentra inmerso y trata de buscar ayuda en Daryle, un activista afroamericano que lucha por los derechos humanos.

Nattiv evita indagar en el conflicto interno de su protagonista, retratándolo no como alguien envenenado de creencias tóxicas sino solo como un ser atormentado que apenas necesita un empujón hacia el buen camino; asimismo, ignora la ironía inherente a un personaje que, tras juzgar a los demás según su apariencia, es pagado con su misma moneda; y, a lo largo del metraje, se fija insistentemente en el proceso de borrado de los tatuajes pero en ningún momento profundiza en el conflicto emocional e ideal en la acción, sino que se limita a una justificación espacio-temporal y circunstancial.

Cabeza rapada matiza la dureza del relato e, invocando el caso auténtico de redención en el que se basa, desengrana sin ir a las vísceras del problema donde falta ese desarrollo y profundización del conflicto interno y el cara a cara con el pasado del protagonista. Nattiv discute la manera habitual con la que la ficción acostumbra a abordar las redenciones. Sin embargo, la explicitación de este mensaje esperanzador afecta al curso natural de la narración, algo que junto a cierto exceso melodramático, erosiona el resultado final de una obra en su conjunto apreciable.

6.0

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