Juan Pablo Russo
25/05/2020 14:15

El director de El violín rojo (1998), François Girard, regresa con La canción de los nombres olvidados (The Song of Names, 2019), película sobre la amistad con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto como trasfondo, que ofició como clausura del Festival de Cine de San Sebastián y que ahora estrena Netflix

La canción de los nombres olvidados

(2019)

La canción de los nombres olvidados es una transposición fallida de la galardonada novela de Norman Lebrecht  con las actuaciones de Tim Roth y Clive Owen. La acción comienza en 1951. Un concierto está a punto de empezar, pero el violinista estrella, Dovidl Rapoport, no acude; de hecho, ha desaparecido. Su mejor amigo, Martin Simmons, está desconcertado. La historia salta entonces a 1986; Martin hace de jurado en un concurso de música en Newcastle, donde ve a un competidor emplear la misma técnica que usaba Dovidl. Esto despierta recuerdos en Martin, que decide averiguar qué le sucedió a Dovidl, una ardua misión que le llevará a Varsovia y Nueva York. La historia no para de saltar hacia atrás y hacia delante en el tiempo, revelando a través de flashbacks que Dovidl fue enviado a Inglaterra antes del comienzo de la guerra, y allí vivió con la familia de Martin. Al padre de Martin le pidieron que protegiera a Dovidl y le enseñara a tocar el violín.

A lo largo de su búsqueda, Martin comienza a comprender el trauma que Dovidl consiguió ocultar en esa época, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y descubre por fin por qué el joven prodigio no apareció en su primer concierto, tantos años atrás. Entre tanto, se plantean otras muchas preguntas, pero no se ofrecen respuestas.

El Holocausto se usa como sinónimo de tragedia. Consciente de los terrores de las cámaras de gas, el espectador siente empatía, hasta cierto punto, por los personajes, pero el cineasta no se esfuerza mucho por generar empatía hacia las dos versiones mayores de los personajes, pues la historia se cuenta en los flashbacks. Lo que vemos de su infancia no nos da suficientes pistas de por qué el asunto es tan importante para Martin tanto tiempo después. Aún más extraño resulta el hecho de que Dovidl se muestre tan dispuesto a acceder a los deseos de Martin cuando por fin se encuentran. La idea de que tiene una deuda con el padre de Martin no se desarrolla lo suficiente como para que resulte creíble la rapidez y facilidad con que realiza lo que se le pide.

La impresión general es la de una adaptación cinematográfica que toma las escenas de las páginas del libro, pero que pierde el sentimiento. Resulta irónico, pues este drama trata sobre un hombre que se da cuenta, 35 años más tarde, de que no había sido lo bastante empático con su amigo de la infancia. El sentimiento es mutuo, pero claramente no era esta la intención del director.

5.0

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