Juan Pablo Russo
18/05/2020 11:50

La actriz y cineasta española Laura Mañá aborda en Te quiero, imbécil (2020), disponible en Netflix, el tema de la metrosexualidad a través de una comedia romántica clásica que consigue divertir, pero que en lugar de contar una historia que haga reflexionar, ofrece la reflexión ya masticada.

Te quiero, imbécil

(2020)

Marcos (Quim Gutiérrez) es abandonado por su novia, despedido de su trabajo, y nuevamente tiene que regresar a vivir a casa de sus padres, cuando se encuentra varado en medio de los treinta y pico. Tras los consejos de un amigo (Alfonso Bassave) y el influencer gurú interpretado por Ernesto Alterio, trata de convertirse en otra persona, más moderna, cuidada y adaptada al siglo XXI. De esta manera, comienza a realizar varios cambios para ser exitoso, reencontrándose con una antigua amiga de la escuela (Natalia Tena), una nueva jefa, amigos bastante peculiares y, como era de esperarse, su ex.

Te quiero, imbécil no solo parodia las rupturas sentimentales y las relaciones, sino que también toca un tema muy de moda, las  citas a través de las apps. La trama sencilla, coyuntural y eficaz, ambientada en Barcelona, supone un soplo de aire fresco en la medida en que indaga sobre la configuración de las nuevas masculinidades. El problema es que está tan preocupada por dejar en claro que la manera frívola de ver las cosas hoy en día es negativa que se queda en la superficie de la narrativa.

Con guion escrito por Iván Bouso y Abraham Sastre, Te quiero, imbécil lleva el ritmo de un one-hit wonder ochentoso y presenta muchos guiños a la serie Fleabag y a la clásica película Cuando Harry conoció a Sally (When Harry Met Sally, 1989), buscando ser crítica de las relaciones tóxicas, de la  trivialidad de la sociedad actual, y del sentimiento machista. Pero lo expresa de forma bastante banal y simplista, sin jugarse demasiado, y cayendo al final en los múltiples lugares comunes que rigen a la comedia romántica.

6.0

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