Anna Dodier
13/05/2020 17:25

Fruto de varios años de trabajo, de observación y de complicidad, Canela (2020), de Cecilia del Valle, se estrena este jueves por la flamante plataforma Puentes de Cine. El resultado es un retrato fascinante y sutil de la mujer trans que le da nombre al film. 

Canela

(2020)

De unitario televisivo, el proyecto se transformó en película. Canela Grandi aporta tanto material que la directora decidió seguir filmándola un tiempo más. Es verdad que como espectadores, tampoco nos queremos despedir de ella.

Poco a poco -y este control de la narración es el gran logro de la película-, entendemos que antes, Canela se llamaba Ájax y que tuvo una vida de familia como varón cis heterosexual no tan lejana. No podemos dejar de pensar en la apasionante y multifacética serie Transparent, una de las pocas ficciones que trata el cambio de género. Aún menos frecuentes son los documentales que existen sobre la cuestión y por eso Canela constituye un acto valioso por parte de su directora y de su protagonista.

El punto de partida es su pregunta: a los 58 años, ya hizo su transición de género, ahora ¿quiere pasar por una cirugía de reasignación de sexo? Este cuestionamiento lo comparte con sus amigas trans pero también con sus hijos, su doctor, su psicóloga y de a poco, aparece un interrogante más grande: el de su deseo. Todxs le dicen de hacer lo que ella siente, lo que ella quiere, pero en realidad ¿qué es lo que quiere? ¿Cómo saber por dónde ir?

A lo largo de la película, Canela transita la ciudad de Rosario con su camioneta naranja y a la vez transita esas preguntas. En el camino, hace experiencias. Cosas que quizás no hubiera hecho en su “vida anterior” pero que siente que podrían tener sentido en esta nueva etapa, como asistir a una misa evangélista. Esta escena, hipnotizante, demuestra en solo unos movimientos de cámara que la identidad trans, entrecruzada de múltiples factores, está lejos de ser uniforme.

Así, más allá de mujer trans, Canela es también arquitecta y docente, dos identidades que reivindica. Ahí también, en estos espacios, sus espacios, se tiene que reinventar y hacerse un lugar nuevo, como mujer trans en mundos muchas veces habitados por varones cis.

La cámara, siempre muy cercana a ella, es íntima pero a la vez marca distancia para observarla, dejándole lugar para existir. De esta forma, la profunda vitalidad de Canela fue capturada en la película y nos habla a todxs.

8.0

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