Rolando Gallego
12/02/2020 19:26

Aquellos memoriosos tendrán presente a Sonic, personaje emblemático de la compañía Sega de la época en la que los videojuegos de consola dominaban el mundo, y que entretuvo (y lo sigue haciendo) a varias generaciones con aventuras en las que su velocidad era lo que primaba. Ahora Sonic - La película (Sonic the hedgehog, 2019), bajo dirección del debutante Jeff Fowler, recupera al personaje para contar una clásica historia de aventuras y amistad en la que la ficción juega con la incorporación de la animación para crear un relato simple pero entretenido.

Sonic - La película

(2020)

El erizo eléctrico que corre a gran velocidad para cumplir misiones y escapar de los enemigos es Sonic, un animalito azul, pequeño, feliz, hiperquinético, y verborrágico. En su mundo, presentado como una pantalla gamer, en el que siniestros personajes quieren destruirlo, vive bajo el cuidado de Garralarga, una gigantesca lechuza. Debiendo migrar forzadamente a la Tierra, antes que lo maten unos pequeños villanos, conoce a Lord Dona, o Tom (James Marsden, asiduo protagonista de historias que mezclan animación y realidad), un sheriff cansado de la bucólica rutina de su pueblo.

Ambos se convierten en los prófugos más buscados por la fuerza policial y militar, quienes están tras Sonic por algunos inconvenientes que la energía del pequeño (se dispara ante el enojo de éste) ha producido en el mundo entero. El villano de turno, Robotnik (Jim Carrey), querrá terminar con el alien.

Sonic - La película es una historia dinámica que busca recuperar la aventura como motor narrativo, imaginando una recepción ideal en públicos infantiles, quienes no requerirán de mucho para comprender este relato clásico, de tres actos, y con la amistad entre seres diferentes como punto de partida. Pero lo más interesante de la propuesta, y a diferencia de otras recientes adaptaciones que intentaron anclaron su fuerza en la traslación exacta del mundo gamer a la pantalla, como por ejemplo Pokémon: Detective Pikachu, es que en este caso todo descansa no tanto en los efectos especiales, sino en las actuaciones de los “humanos” para potenciar la historia.

Es esta decisión la que permite que la clásica historia del gato queriendo atrapar al ratón se supere, empatizando con los personajes humanos rápidamente, quienes poseen un desarrollo y una descripción notable para el tipo de film al que pertenecen. En este contexto, se destaca Jim Carrey, que vuelve a hacer de las suyas (gracias a Dios), como hace tiempo no lo hacía, sacándose de una vez por todas el corset interpretativo que le impusieron en Hollywood y con el que se quiso alejar por completo de sus célebres y únicas piruetas. El actor de La máscara (The Mask, 1994) tiene carta blanca para hacer de ese villano un tanto tonto, su gran regreso a la comedia más física, transformando así una adaptación más de un videojuego en una propuesta cinematográfica que convence, sabiendo que al restar pretensiones y buscar entretener y jugar en la pantalla grande, su trabajo está hecho.

6.0

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