Juan Pablo Russo
27/01/2020 14:18

En Mujercitas (Little Woman, 2019), Greta Gerwig (Lady Bird, 2017) reinterpreta la historia de las hermanas Jo, Meg, Amy y Beth a las que dan vida Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh y Eliza Scanlen desde su propio punto de vista sin necesidad de cambiar las palabras, pero sí revelando algunos de sus significados menos obvios, y actualizando su discurso feminista.

Mujercitas

(2019)

De la novela de Louisa May Alcott, publicada en dos partes entre 1868 y 1869, existen al menos tres versiones anteriores en cine. La primera data 1933 y estuvo dirigida por George Cukor y protagonizada por Katherine Hepburn en el rol de Jo March; el clásico en Technicolor de 1949, dirigido por Mervin LeRoy, con June Allyson en el papel principal y Elizabeth Taylor, Janet Leight y Margaret O’Brien en el de sus hermanas; y la de 1994 de la directora australiana Gillian Armstrong, con Winona Ryder y Susan Sarandon. La diferencia de la Mujercitas de Greta Gerwig con sus antecesoras es que la historia comienza donde las demás terminan.

La nueva versión de Mujercitas comienza con Josephine "Jo" March ya adulta ingresando a la oficina de un editor para ofrecerle una novela autobiográfica. Así, Gerwig incide por un lado en la identificación entre la autora de la novela y su protagonista principal. Por el otro, explicita de esta manera las concesiones que tuvo que hacer la escritora para que su manuscrito fuera aceptado por una editorial. La película se concentra en una: el editor le recuerda a la autora que en la ficción una protagonista mujer solo puede tener dos finales: matrimonio o muerte.

Todo lo que tiene de metalingüística la novela se traslada a la película a la perfección. Al punto de que, en un momento dado, escuchamos la voz de cuatro creadoras: Louisa May Alcott (autora) / Jo March (personaje ficticio/alter ego de la autora) / Saoirse Ronan (intérprete) / Greta Gerwig (guionista) sin poder distinguir quién habla. Su mensaje es idéntico en todos los niveles, a pesar del tiempo que media entre la primera y las últimas porque es transversal. Lo que defienden es exactamente lo mismo.

Gerwig es fiel a la voz original de Alcott pero reconstruye la novela liberándola de su linealidad y transformando muchas situaciones en recuerdos y material de inspiración. El entramado metanarrativo que estructura el film le permite romper con esa linealidad cronológica de la novela.

La estética, basada en los cuadros de la época, desde los impresionistas europeos al maestro americano Winslow Homer, captura la épica que hay en los actos más cotidianos. A la vez que la atraviesa una energía joven y fresca con una cámara dando vueltas alrededor de los personajes como si fuera un torbellino.

Con una narración ágil y contemporánea, filmada en celuloide para crear una conexión con el proceso fotoquímico de 1861 y en escenarios naturales, en locaciones de Concord, Massachusetts, un lugar que albergó a escritores y pensadores como Henry David Thoreau o Nathaniel Hawthorne, Mujercitas es un buen ejemplo de adaptación hollywoodiense de un clásico literario que se presenta con renovada energía sin traicionar sus esencias.

8.0

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