Juan Pablo Russo
20/11/2019 18:25

El chileno Felipe Ríos, que anteriormente dirigió los cortometrajes Das Gollem (2003) y El hombre de la maleta (2005), y la serie documental Gabinete, un viaje por los últimos 40 años del arte contemporáneo chileno (2018), debuta en el largometraje con El hombre del futuro (2019), una película intimista sobre la deconstrucción de un hombre que busca ser perdonado por los errores del pasado.

El hombre del futuro

(2019)

Michelsen (José Soza) es un camionero que emprende lo que será su último viaje a Villa O’Higgins antes de ser jubilado por la fuerza. Su hija Elena (Antonia Giesen), boxeadora y con la que no tiene relación desde hace 15 años, también inicia un viaje a Caleta Tortel. Ambos parten hacia el sur y el cruce será tan inevitable como decisivo. Un viaje movilizador enmarcado en la naturaleza salvaje de la región de Aysén de la inhóspita Patagonia chilena.

La historia, cuyo guion fue escrito a cuatro manos por Ríos y el argentino Alejandro Fadel, es una road movie planteada como un viaje de iniciación del pasado hacia el futuro, un encuentro entre casual y forzado sobre la redención por los errores de un padre ausente y una hija que busca entender esa ausencia. Michelsen sabe que solo tiene presente, que el tiempo se acaba y que necesita de ese perdón antes de irse. Elena necesita perdonar para entrar al futuro.

El hombre del futuro es una película donde lo emocional está por sobre lo visceral, que apunta a una conexión interior, sin caer en demagogia ni manipulaciones emocionales. A lo largo de la historia, enmarcada por el majestuoso paisaje y una naturaleza velada, un poco como Las Acacias (2011), asistimos a  un viaje interminable de silencios incómodos hacia el fin del mundo, un lugar donde se supone que todo vuelve a empezar.

8.0

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