Adrián Monserrat
16/11/2019 09:54

Un retrato íntimo sobre el rumbo de la vida, las prioridades establecidas y el paso de los años. En eso consiste Tiempo perdido (2019), película que se presenta en la sección Panorama de Cine Argentino del 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Tiempo perdido

(2019)

El protagonista de esta historia es Agustín Levy (Martín Slipak), un joven académico argentino que vive hace años en Noruega y que lleva a cabo una investigación acerca de la influencia de Ibsen en el teatro nórdico. Un congreso que sucede en Buenos Aires convoca a Agustín como uno de sus expositores y su regreso traerá con él un cúmulo de dudas, reflexiones y sorpresas al desmenuzar un pasado que ya no está. Las cosas cambian, se transforman tras el paso del tiempo, y las decisiones de vida son determinantes en el destino del camino.

Tiempo perdido, dirigida por Francisco Novick y Natalio Pagés, acierta desde un primer momento. Slipak (Recreo) nos expone un personaje sobrio, distante, como si la vida para él giraría en torno a lo profesional. Sus primeras escenas nos describen a este personaje como si lo conociéramos de toda la vida: valija, libro en mano, hotel, visitas a lugares del pasado y presentación con los máximos laureles.

Con un aspecto que bordea el narcisismo, Agustín se sorprende con el inesperado encuentro de un amor de la adolescencia. Aquí el rumbo de la película se tuerce para indagar sobre el pasado de este joven. Sin permitirnos pestañear, otro choque con sus orígenes sucede. Agustín se encuentra con un influyente ex profesor de literatura. Allí se profundiza una sensación de no pertenecer del joven. El careo sobre la vida y la literatura con su ex profesor es un golpe contundente a la realidad. Hay a la vista algo de “alumno supera maestro”. Hay una profundización del avance de la vida que te hace temblar para comenzar a indagar en cuestiones de tu mismo pasado.

Una obra sentida que te invita a la reflexión. A Tiempo perdido no le hace falta tener un reparto súper numeroso ni muchas vueltas de guion para poder lucirse. El brillo está en querer contar una historia, en ir a lo micro, desmenuzarla a través de diálogos representativos y sostener un propósito de principio a fin.

8.0

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