Emiliano Basile
15/11/2019 20:24

La primera película en soledad de Ezequiel Radusky (antes co dirigió Los dueños con Agustín Toscano), se relaciona de manera directa con la realidad, justo cuando los empleados públicos del Teatro Auditorium en donde la película es presentada en Competencia Internacional del 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, exigen a la Gobernadora el pase a planta.

Planta permanente

(2019)

Lila (Liliana Juárez) y Marcela (Rosario Bléfari) trabajan como personal de limpieza en uno de los tantos edificios del Estado Provincial. Su antigüedad en el empleo público las hace conocer los distintos sectores y compañeros de trabajo, para los cuales cocinan a diario en una suerte de comedor improvisado en uno de los rincones del lugar. Cuando llega una nueva directora con discursos entusiastas vacíos de significado, su mundo empieza a cambiar. En pos de la trasparencia las obligan a poner en regla el comedor y a competir entre ellas, rompiendo el sentido de comunidad y solidaridad que funcionó por años.

Planta permanente es una película que se vale de su discurso, y de los puentes con la realidad que el espectador pueda trazar. Y Lamentablemente son muchos. No hay que ser un genio para imaginar a quién hace referencia cada personaje en tiempos neoliberales. El discurso de bienvenida de la nueva directora es tan conocido por los argentinos (y podríamos ampliar a Latinoamericanos) que resulta evidente. Tanto que prácticamente no hay sorpresas en la película con lo que sucede luego. Si uno no tuviera la realidad para comparar con la película, diríamos que todos los personajes son estereotipados en demasía. Uno de esos casos en que la realidad supera a la ficción.

Radusky se limita a extraer el método operandi de las gestiones neoliberales en manos del Estado con la historia del comedor (título en inglés del film). Sus acciones para desmantelar su funcionamiento son siempre los mismos parece decirnos la trama: enfrentar a los empleados (muchos de ellos amigos de toda la vida), la no renovación de contratos que es un despido encubierto y, sobre todo, la destrucción de la comunidad social que funciona dentro de los distintos organismos y hace posible la vida en condiciones de precariedad laboral. Siempre en pos de la trasparencia y el esfuerzo colectivo. Una trampa mortal.

El film presenta una historia conocida, bien contada y sin muchas sorpresas ni a nivel narrativo ni formal. Su fuerte es la capacidad de relacionar la realidad con la ficción y, mediante una comedia dramática sencilla, dejar un mensaje perturbador.

7.0

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