Rolando Gallego
15/11/2019 19:48

Abbas Fahdel es un observador. Su autoría radica en la imposibilidad de evitar tomar partido de sus objetos analizados cinematográficamente, con un laborioso trabajo de imágenes sencillas y dolorosas, pero que en definitiva nos hablan sobre el resultado de la occidentalización de la asistencia y la continua degradación del ser humano ante aquello que por sí solo no puede cambiar.

Bitter Bread

(2019)

En Bitter Bread (2019), al igual que en Homeland (Iraq Year Zero) (2015), o en Yara (2018), su mirada se posiciona ante aquello que pasa delante de cámara, evitando el pintoresquismo o el miserabilismo, aquello que inmóvil y por culpa de la desidia se degrada, se corroe, lo hace con un tempo propio y que inevitablemente, en el corpus de Fadhel, sigue hablando de una ausencia ante la realidad social.

Muchas veces se impulsa la acción del relato a partir de algunas imágenes con un sentido acercamiento al otro, pero en otras ocasiones la revelación de la verdad en sí misma, cruda, inexorable, inabarcable, con la proliferación de escenas que por acumulación generan la progresión dramática, exigen en el espectador una necesidad de distanciamiento para evitar involucrarse al 100 por ciento en aquello que se muestra.

En el relato, el acompañamiento de algunos personajes en un campo de refugiados sirios en el Líbano, potencian anécdotas simples que los protagonistas revelan ante la cámara. Así, en este contexto, el reclamo de una joven novia, los comentarios en rutinas laborales precarizadas, las charlas en pequeños comercios improvisados, brindan al menos algunos destellos de esperanza en el continuo devenir de la historia.

ONG’s que lucran con seres humanos, construyen campos de refugiados cual campos de concentración, donde hacinados, estos sujetos pasan sus días esperando aquello que desean pero que tarda en llegar.

Cuadros con una composición que permite vislumbrar mucho más allá del territorio, automóviles que amenazan el status quo de la vida de sus protagonistas, Bitter Bread prefiere exponer antes que declamar, mostrar, a subrayar, y entre esos puntos, la emergencia de una problemática que supera el entendimientos de los refugiados y los refugiantes, todo confecciona un traje que opresiona y asfixia.

Fadhel, además, en aquellos retratos de niñes que juegan a la deriva, que embarran sus cuerpos sin atender a cuidados extremos de vestimentas y calzados, delinean la necesidad de aferrarse al relato como forma de denuncia, para evidenciar que tras esas carpas inmundas, ese hacinamiento necesario, y esa ausencia de políticas correctas que acompañen y ayuden, no hay nadie que piense en el otro más que el director.

7.0

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