Victoria Duclós Sibuet
02/10/2019 13:54

Hace muy poco tiempo el 72 Festival de Cannes se tiñó de verde con la presentación de Que sea Ley (2019) en la sección Special Screening. La película de Juan Diego Solanas es hoy un eslabón más en la cadena de acciones para sostener el latido de la lucha y no dar ni un paso atrás.

Que sea Ley

(2019)

El punto de partida es la media sanción en la Cámara de Diputados. Luego de años de presentar el proyecto, por primera vez fue parte de la agenda política, sentó un debate sin precedentes a nivel mediático y tuvo meses de exposición de partes médicas, religiosas, artísticas y activistas. El punto de llegada es el rechazo en la Cámara de Senadores. Es casi inevitable ver la película con la consciencia de que al final la batalla fue perdida, pero propone pensarlo como un resultado circunstancial, porque la ola verde se rearma con más fuerza para arrasar con todo en un nuevo rompiente.

Entre ambos puntos se da un relato coral, por un lado los discursos plagados de momentos, frases y nombres que quedarán para la historia. Pero sobre los que la película, a pesar de su claro punto de vista, no se encarga de ejercer un ensañamiento desmedido sino que los deja ser en su esencia irracionales o emocionantes según el caso. Lo mismo sucede con la cobertura del congreso partido al medio entre verdes y celestes con sus rituales y particularidades.

La columna vertebral de la narración se construye en un viaje de 4000 kilómetros en automóvil, buscando cientos de testimonios y voces de mujeres que tienen en común ésta lucha. Muertes, dolores y traumas. Propone un único diálogo válido que es el despegado de las hipocresías, en el que el punto de encuentro se da desde la empatía más visceral y sincera. Que sea Ley es cine político en su estado más puro, del necesario y transformador de la realidad.

De esta manera también se ubica dentro de un foco de debate sobre los hombres que se hacen eco de las problemáticas de las feminidades y toman la posta de un discurso que no tiene nada que ver con ellos. Al margen de la innegable importancia de esta película, es ocasión para recordar la necesidad de espacio para que las mujeres puedan portar su propia voz y dejen de estar únicamente proyectadas en el imaginario masculino, por más valioso que este pueda ser.

7.0

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