Emiliano Basile
30/09/2019 16:03

El último éxito del cine boliviano llega a las salas argentinas con una historia que atraviesa una problemática social que acontece a todo Latinoamérica: el tráfico de personas.

Muralla

(2018)

A partir de una investigación realizada para una obra de teatro que reveló alarmantes cifras de gente desaparecida, se inspiró la historia de Jorge Muralla Rivera (Fernando Arze Echalar), un ex arquero que se encuentra manejando una combi colectivo por las afueras de La Paz, mientras trata de juntar dinero para financiar una operación a su hijo enfermo. Un buen día se le presenta una oportunidad, una niña queda varada en su camioneta y la “vende” a una red de trata. Acongojado por su accionar decide recuperar a la chica para limpiar su conciencia.

Muralla (2018) es una película de redención personal que sobre el final adquiere la forma de un policial de venganza. Desde ese lugar utiliza lugares comunes para tejer la trama y tópicos entre los personajes buenos (la enfermera) y villanos (el doctor que interpreta Pablo Echarri). Sin embargo el film que se suma a una larga lista de relatos sobre la trata de personas tiene algo distinto y novedoso: no narra la situación ni desde la víctima ni desde el victimario sino desde el “entregador”, construyendo un punto de vista diferente.

Gory Patiño describe a una contrastada Bolivia desde los márgenes. Las afueras de la gran ciudad donde deambula el protagonista con su camioneta muestra las majestuosas vistas desde la altura y, al mismo tiempo, las decadentes calles y personas que la abrazan a su alrededor. Una visión agridulce en la que conviven belleza y terror a cotidiano.

La primera mitad del film desarrolla la descripción de las problemáticas económicas y sociales de los suburbios con cierto tinte realista. La segunda parte el relato se sumerge en la trama de venganza desde el género, con una historia que avanza con ciertos arquetipos aunque también pierde verosimilitud. En esos momentos resulta fundamental el trabajo de los actores. Fernando Arze Echalar (que también participa del guion) quien se carga la película al hombro con el arco dramático que elabora para su personaje. Por su parte Pablo Echarri le agrega matices a su personaje destinado a ser esquemático como el resto del elenco, haciéndolo resaltar gracias a su composición.

Muralla tiene la doble tarea de entretener con un relato de género que a su vez denuncia una red de complicidades civiles e institucionales con respeto al tráfico de personas. El resultado es una película potente desde su narración y contundente desde la problemática que expone.

7.0

Comentarios