Juan Pablo Russo
29/09/2019 14:16

En El Reino de la Corrupción (El Reino, 2018) Rodrigo Sorogoyen (Stockholm, Que Dios nos perdone) transita por el tópico de la corrupción política a través de un contundente y adrenalínico thriller que nada tiene que envidiarle a la realidad. Sorogoyen pinta un retrato incómodo y perturbador de una clase política sin ningún tipo de escrúpulos ni brújula moral.

El Reino de la Corrupción

(2018)

En El Reino de la Corrupción el espectador es testigo de la caída de Manuel López Vidal (Antonio de la Torre), un político de la Comunidad Valenciana con aspiraciones nacionales que, tras una llamada telefónica que le avisa de un proceso judicial en su contra por corrupción, ve cómo su carrera y su vida son sepultadas bajo tierra

El madrileño Rodrigo Sorogoyen narra de manera sorprendente el fin de un “reino” que parecía eterno; y, en el cine, esas precipitaciones a los abismos a velocidades imparables, se ajustan perfectamente al género del thriller. El director nominado al Oscar por su corto Madre (2018) recurre a sus innegables capacidades de puesta en escena para proporcionarle al espiral de lucha por la supervivencia de Manuel un caparazón narrativo y estilístico que remite a las mejores muestras del género, donde son innegables las influencias de David Fincher o Germán Tarantino en Perros de la calle (1992).

La omnipresente música electrónica de Olivier Arson refuerza la naturaleza adrenalínica de una película que no se pierde en sutilezas, que está repleta de escenas que no dudan en regodearse en su contenido durante más tiempo del necesario para mantener una tensión constante. El retrato de la corrupción galopante es incisivo y está pautado con un ritmo vertiginoso, visual y musical, acorde con la agitación de los personajes retratados.

La narración hiperbólica (en fondo y en forma) convierte una trama judicial ficticia, más representativa que verídica, en un thriller de espías. Si el retrato del italiano Paolo Sorrentino sobre Silvio Berlusconi con Silvio (y los otros) (2018) no da opción a debate, Sorogoyen, en cambio, prefiere globalizar la corrupción eliminando nombres de partidos concretos, de políticos e incluso del lugar donde se desarrolla la trama. No importan las siglas, las ideologías, El Reino de la Corrupción es una historia sobre los seres humanos y sus tentaciones, su supervivencia en una sociedad cruel donde el individualismo y el egoísmo ganan la partida de ajedrez.

8.0

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