Emiliano Basile
26/08/2019 16:35

Pareciera que la cinematografía de François Ozon se divide en films que profundizan en el lado oscuro de la psicología humana, tales como Joven y Bella (Jeune et Jolie, 2013) y Amante doble (L'amant doublé, 2017), cargados de esquizofrenia y sexo; mientras otros, son basados en las víctimas de aberrantes hechos históricos como Frantz (2016). En esta segunda línea se encuentra Por gracia de Dios (Grâce à Dieu, 2018).

Por gracia de Dios

(2019)

El prolífico cineasta galo regresa con un tema polémico: la pedofilia en la Iglesia Católica. Basándose en hechos reales, el caso del padre Bernard Preynat de la Diócesis de Lyon, actualmente en los tribunales franceses por abusar de 70 niños, este film busca indagar en las consecuencias de dicho delito en la vida adulta de tres hombres de diferentes clases y condiciones sociales.

La narración clásica nos introduce en tiempo y espacio. Descubrir el humanismo detrás de los sobrevivientes de un caso de abuso sexual propiciado por un cura en los años 70 y 80 que fue minimizado por la jerarquía eclesiástica será el fin. Ozon divide su relato en tres personajes, yendo de menor a mayor. La primera parte corresponde a Alexandre (Melvil Poupaud) un devoto padre de familia que aún cree en Dios y asiste a misa, que se anima de contar que fue abusado por el sacerdote Bernard Preynat en sus tiempos de Boy Scoutt. Primero recurre a los altos mandos de la Iglesia sin obtener la respuesta pretendida. Su caso prescribió porque sucedió hace más de 40 años.

En una segunda parte vemos el caso de François (Denis Ménochet), ateo y sin hijos que, si bien primero no quiere rememorar el doloroso pasado, cuenta con el apoyo de sus padres y la fuerza para enfrentar al padre y salir en los medios de ser necesario. Finalmente el traumado Emmanuel (Swann Arlaud), con problemas para recomponer su vida desde los hechos que dejaron marca en él, quien no cuenta con los medios económicos ni el apoyo afectivo para hacer frente al juicio pero será la asociación La Parole libérée, -en la que se agruparon las víctimas-, la que fortalecerá la demanda.

Un Ozon menos agresivo que en otros films, busca poner el tema sobre la mesa por delante de su autoría. Describe el dolor de las víctimas y el poder de la religión católica que puede convertirse en monstruoso mediante el encubrimiento de estos actos. La estructura dramática funciona como una olla a presión, elevando la tensión con el correr de los minutos y los casos. El drama adquiere la forma de un thriller: Cuando parece que el asunto llega a su fin se disuelve otra vez, llevando a sus víctimas a renovar las fuerzas para seguir luchando. No de forma individual sino colectiva para hacer efectivo el reclamo ante la justicia.

Hay una intención del film de desprenderse del hecho concreto y reflexionar sobre los daños emocionales que puede causar el abuso sexual en las personas. Mayor aún si viene acompañado de un abuso de poder, a través de la figura de un sacerdote. La película se presenta humana desandando cada caso, las vidas privadas de cada personaje y los conflictos suscitados. Los personajes no son retratados esquemáticamente -ni el padre es criminalizado ni los abusados son débiles-, hay un trabajo desde los matices que fortalece el film, y evita minimizar el conflicto a un individuo. La posta cae en el accionar de la Iglesia Católica en general. En ese momento, el film concluye pero con la tranquilidad de haber tirado de la punta del ovillo para adentrarnos en algo mayor.

8.0

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