Rolando Gallego
06/08/2019 16:59

La ópera prima de Gastón Gularte, Cara Sucia, con la magia de la naturaleza (2019), propone un recorrido hacia el multiculturalismo que habita en Misiones y la resistencia de aquellos damnificados que frente al avance de empresas que destruyen la naturaleza, recuperan valores de pueblos originarios y la ecología como forma de vida.

Cara Sucia, con la magia de la naturaleza

(2019)

Mariel (Isabella Caminos Bragatto) es una niña que pasa la mayor parte del día haciendo “tavesuras”, pero también explorando el lugar en donde vive, utilizando unas piedras mágicas que siempre lleva consigo y buscando ayudar al prójimo. Inesperadamente se le revela que es parte de un plan para proteger el medioambiente, decide aunar esfuerzos con sus amigos para combatir a una malvada empresaria (Laura Novoa), que sólo piensa en sacar provecho del entorno en el que vive la nena, destruyendo la selva, arrasando árboles y buscando maximizar sus beneficios. Ayudados por un chamán, Mariel y compañía, podrán detener las topadoras que arrasarían con todo para seguir produciendo negocios, neoliberalismo subido a las máquinas, que rompe la quietud del lugar, un espacio habitado por pájaros, flores salvajes y tierra roja, con los que Gularte reafirma el lugar de origen de la producción.

La película transita la fábula, con moraleja incluída, salteando entre el género fantástico, la comedia y el drama, para configurar un entramado de temas y subtemas, que refuerzan las premisas originales del relato y que en las participaciones de figuras como Gustavo Garzón, Rubén Rada (animado), Iván Moschner o la española Ana Fernández, se construye la contención necesaria para solventar las actuaciones de los más pequeños, quienes debutan en la pantalla grande con esta producción.

Cara Sucia, con la magia de la naturaleza junto con Mi mamá Lora (2016), de Martín Musarra, configuran un panorama sobre el nuevo cine del NEA, una sector productivo inquieto con historias para niños enmarcadas en un realismo mágico que absorbe la polisemia de la región para narrar historias autóctonas y que además incorporan otros tipos materiales audiovisuales para cerrar el relato.

En lo simple de sus tramas, y el subrayado de los personajes con los que trabajan, estas películas se animan, además, a jugar con animaciones, las que, en sus detalles, posibilitan la identificación con la fauna y flora autóctona, alejándose del exotismo con el que podrían haber sido reflejados y agregando localismo a la propuesta. Así, por citar un ejemplo, Laura Novoa deslumbra en cada escena jugando a ser una Cruella De Vil local, potenciando la caricatura con la que el guion describe a su personaje, cumpliendo con su función, moviéndose como una diva, enfundada en lujosos vestidos de diseñador, gritándole a sus empleados, y chocando con los lugareños.

Película pensada para los más pequeños, a pesar de sus carencias, Cara Sucia, con la magia de la naturaleza demuestra su sinceridad en cada escena, generando empatía e identificación con los protagonistas, favoreciéndose por una línea narrativa simple, sin otro sentido más que el que de entretener, transmitiendo valores y pasión por el trabajo en equipo y la ecología.

6.0

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