Fernando E. Juan Lima
19/05/2019 21:03

Tras la hermosa y disruptiva Jeannette, la infancia de Juana de Arco (2017) Bruno Dumont nuevamente sigue a pies juntillas la obra del escritor de comienzos del siglo XX Charles Péguy, el que, pese a su declarado ateísmo tiene un acercamiento a lo religioso que resulta compatible con la formación y mirada del director de Fuera de Satán (2011) y La humanidad (1999).

Jeanne

(2019)

La acción ahora arranca en 1429 cuando Juana de Arco comanda las tropas francesas que pretenden expulsar al invasor inglés y culmina con su juicio y muerte. Hay menos música que en Jeannette, la infancia de Juana de Arco y ésta no es más esa de inspiración metalera que tanto había espantado a parte de la crítica; en ese sentido, la apuesta de Jeanne (2019) es menos radical, la música es extradiegética, más acorde en los tonos con la época, y se escucha mientras la protagonista mira a cámara pero no canta.

La protagonista en una jugada sí muy extrema es Lise Leplat Prudhomme, quien hacía de la más joven Juana de Arco en la anterior película, de solo 10 años. La idea de Dumont tiene que ver con no hacerse cargo de los lugares comunes de cómo debe filmarse una película de época, atreviéndose a ciertos anacronismos que, posiblemente no son tales sino que tienen que ver con la educación (o la deformación) que hemos recibido del cine en torno a cómo era la vida en el siglo XV.

Después de la genial miniserie P’tit Quinquin Dumont realizó una secuela, Coincoin et les z’inhumains, igualmente incorrecta e hilarante. Si en Jeannette, la infancia de Juana de Arco había algo del humor que podía encontrarse en la bastante fallida La Bahía, algunos de los personajes de Jeanne bien podrían formar parte del universo de Quinquin ó Coincoin.

El gran prodigio que logra Dumont es el de, partiendo de la propia disrupción de la edad de la protagonista, utilizando un tono de actuación que genera en principio un efecto de distanciamiento y un humor extraterrestre que ayuda a conformar un clima de extrañamiento que por momentos se acerca al sinsentido, lograr una construcción épica en la que la personalidad de Juana de Arco aparece con toda su fuerza y la gran pregunta acerca de si lo que vemos es una muestra de fe o de locura termina por instalarse en la película como pocas veces en el cine.

7.0

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