Victoria Duclós Sibuet
06/05/2019 21:52

La película brasileña Sol Alegría (2018) de Tavinho Teixeira fue la ganadora de la novena edición del FICIC y se estrenó en Mubi. Excéntrica, plástica y cargada de irreverencia contra las violencias represivas intrínsecas en el orden social. Necesaria, un poco incómoda y ambigua en accesibilidad para distintos públicos. 

Sol Alegría

(2018)

Una familia aburguesada de personajes libertinos viaja a través del Brasil dictatorial en una misión que aparentemente puede salvar a la humanidad. Escapando además, porque asesinaron a un personaje político de la peligrosa derecha. El viaje de película es de un tono festivamente nihilista y está cargado de personajes y otras representaciones más o menos poéticas y para nada sutiles de esta visión del mundo.

El anclaje temporal puede ser, temerosamente, cualquiera. Una revisión de la memoria de la dictadura brasileña o un presagio de la actualidad, o ambas a la vez. El peligro está encarnado en los intentos de coartar la libertad y la lucha debe ser aguerrida e insolente como premisa indiscutida.

“El placer por el placer mismo es el arma más poderosa” recitan de múltiples formas, con una estética plástica de un cine setentoso reventada en la pantalla. Referencia directa del género “pornochanchada” pero lejos de la comedia liviana que era una de sus características, en este caso la película lo resignifica, se apropia de sus códigos y lo sobrecarga de contenidos.

Sol Alegría es fuertemente política, quizás el desenfreno intradiegético se apodera incluso de la primera intensión narrativa de la película que comienza más legible y se distorsiona cada vez más. La osada intensión además queda un poco en un despropósito o una contradicción ya que hacia el final peca de explicativa, por más que lo hagan con una vuelta poética.

6.0

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