Emiliano Basile
22/04/2019 17:10

La película de Nicolás Galvagno es un wéstern criollo aunque el propio director asegure en declaraciones lo contrario. Uno en el que la transposición del género a la Argentina extrae conclusiones interesantes: por ejemplo la decisión de anclar la historia en el interior del país en tiempos de Onganía. No es necesario trasladarse al 1800 para encontrar una argentina rural, injusta y arcaica.

Pistolero

(2019)

Estamos en aquellos oscuros y violentos años de la Argentina. Isidoro Mendoza (Lautaro Delgado Tymruk) y su hermano Claudio (Sergio "Maravilla" Martínez) asaltan bancos entre otros tipos de comercio. Pero algo los distingue del delincuente común: tratan bien a los lugareños con los cuales se cruzan, y hasta les obsequian dinero. En definitiva, cómo una suerte de Bonnie & Clyde los entienden en sus desgracias mucho más que las instituciones, y por ende adquieren el mote de justicieros modernos para la población. El rudo comisario que interpreta Juan Palomino será el encargado de detenerlos.

La historia del antihéroe siempre es atractiva porque plantea difusas fronteras entre el bien y el mal. La historia ya fue contada infinidad de veces, incluso con componentes trágicos (la mencionada Bonnie & Clyde), pero aquello que destaca a esta historia del resto es el hincapié en el factor social argentino de la época de la dictadura de Onganía. La violencia institucional y social es determinante y no sólo parte del contexto que habitan los personajes de ambos lados de la ley.

El escenario seco y áspero denotan la misma tesitura que los actores protagónicos, tanto Lautaro Delgado Tymruk que ya ha demostrado ser capaz de componer cualquier tipo de personaje, como Sergio "Maravilla" Martínez en su debut cinematográfico interpretando a un personaje tosco, y Juan Palomino, con su físico rol ideal para personajes físicos y duros, son claves para el ensayo sobre un mundo violento y sus individuos que el film quiere hacer.

Sin embargo, la película toma decisiones y no siempre se recuesta en la parábola social y busca en el melodrama (la relación con la maestra que compone María Abadi) resolver situaciones de manera clásica que condicionan a la paradoja de quiénes son los buenos y quiénes los malos bajo el clima de violencia institucional. Porque en el melodrama la tragedia pasa a depender de decisiones individuales de los personajes perdiendo fuerza la situación del país como condicionante para los ciudadanos. En ese ir y venir de un género al otro, Pistolero (2019) pierde eficacia aunque su propuesta sea contundente.

7.0

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