Juan Pablo Russo
18/04/2019 11:38

El tercer largometraje del cineasta singapurense Yeo Siew Hua, Una tierra imaginada (Huan tu, 2018), ganador de la séptima primera edición del Festival de Locarno, resulta un brillante neo-noir sobre las condiciones laborales de los inmigrantes que trabajan en empresas que intentan ganar terreno al mar.

Una tierra imaginada

(2018)

En Una tierra imaginada seguimos la aventura del migrante chino Wang Bi Cheng quien habita las noches de un Singapur insomne, al no poder dormir después de un accidente sufrido en la fábrica donde trabaja. Wang Bi encuentra su pequeño oasis en medio del caos, en un cibercafé, decorado con luces de neón, tolerante con la reproducción de películas XXX y con todos los trasnochados en busca de sexo virtual o juegos violentos, como el Counter Strike al que nuestro protagonista se vuelve algo adicto, a pesar de ser malísimo jugando. Dentro de aquel refugio para gamers y pervertidos aparece Mindy, la chica que atiende el local, con la cual Wang mantiene un histeriqueo sutil, pero dinámico ya que ambos suelen dar vueltas por la playa de noche mientras sueñan con un futuro idílico, allá, al otro lado del mar. Cuando está fuera del cyber el solitario Wang consigue hablar con Ajit, un inmigrante de Bangladesh con el cual entabla amistad y baila un poco durante las celebraciones improvisadas y callejeras. Aunque, al poco tiempo, Ajit desaparece, sin dejar rastros, al igual que Wang posteriormente. Para evitar un escándalo político entre ambos países asiáticos, las autoridades locales acuerdan que el caso sea resuelto mediante una investigación encubierta, que llevará a cabo el detective Lok.

Ficción y realidad, mundos oníricos y crítica social se entrelazan en esta trama, que utiliza el género policíaco como excusa para retratar la opacidad del sistema en el que quedan atrapados los trabajadores inmigrantes en Singapur. Además, Una tierra imaginada esconde una inquietante reflexión filosófica sin por eso anular la atmósfera de intriga y misterio que envuelve la trama. En todo momento se erige como una pesadilla lynchiana, sobre realidades paralelas, que tiene lugar en un escenario lúgubre, iluminado por parpadeantes luces de neón.

Una tierra imaginada, tercer largometraje de Yeo Siew Hua y con la cual ganó el Leopardo de Oro en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Locarno, es un claro ejemplo sobre cómo se puede reinventar una película de corte social a partir de la mezcla de diferentes géneros para así crear un delirio fascinante con la dosis necesaria de reflexión social y existencial.

9.0

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