Alfonso Rivera
16/04/2019 15:39

Apuntes para una pelicula de atracos (2018) parte de la fascinación cinéfila de León Siminiani por el subgénero de las películas cuyo argumento gira en torno al robo de un botín: Hollywood ha facturado un buen puñado de títulos de este tipo, pero la cinematografía europea –desde la italiana a la española– no se ha quedado atrás.

Apuntes para una pelicula de atracos

(2018)

Apuntes para una pelicula de atracos comienza con unos títulos que reproducen aquellos inicios reconocibles del cine clásico. Ese mismo espíritu reivindicativo de ese tipo de films seguirá habitando –ayudado también por momentos animados y otros rescatados de archivos audiovisuales- un documental que, durante su gestación, a lo largo de cinco años, se ha desviado alegre y libremente por otros derroteros, alejándose –peligrosamente– de la idea original.

Primero, en su obsesión por documentarse para construir una película de atracos, Siminiani investigó al objeto de su curiosidad: ese hombre que logró, a través de las alcantarillas y el subsuelo laberíntico de Madrid, liderar con tesón una banda que terminó con éxito algunos golpes… hasta que la policía le hizo morder el polvo y acabó con sus huesos entre rejas. Pero eso no hace desfallecer al cineasta, que le visita en la cárcel y aprovecha sus permisos para echar la tarde juntos, hablando sobre lo que es, su origen y por dónde se edificará su futuro.

Pero ese hombre no puede dar la cara: su mujer –lógicamente- impide que así sea y él mismo teme que su hijo algún día le vea en pantalla y reproduzca, como él mismo ha hecho (heredadas de su padre), esas acciones delictivas. Para continuar con el rodaje, Siminiani le regala una máscara, con la que aparece en la película, y le sigue filmando en su camino de reinserción social.

Todo este proceso de acercamiento y creciente amistad entre cineasta y personaje real está narrado con cierto humor, ironía y ternura. El espíritu de diario fílmico sigue estando presente en estos Apuntes para una pelicula de atracos aunque tenga no una, sino dos voces en off. Y, como sucedía en la ópera prima de este director amante de los juegos, malabarismos y jeroglíficos narrativos, se confía demasiado en la vivencia propia, en la fascinación privada y en unos hechos que, a veces, pecan de anodinos y poco significativos, hasta el punto de que ese encantamiento que siente el director por su protagonista –además, con el rostro tapado dificultando la empatía y un discurso no siempre lo suficientemente atractivo- no llega a ser transmitida al espectador.

8.0

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