Emiliano Basile
15/04/2019 14:00

Presentada con el fin de conmemorar el centenario de la Primera Guerra Mundial en general y homenajear a los soldados británicos en particular, este documental de Peter Jackson (El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey) trasciende su objetivo didáctico por su particularidad: manipular el exquisito material de archivo para lograr una experiencia visceral que transporta al espectador a las trincheras de la Gran Guerra.

Jamás llegarán a viejos

(2018)

Jamás llegarán a viejos (They Shall Not Grow Old, 2018) utiliza imágenes y sonidos registrados por los soldados británicos en la contienda bélica y los interviene, los trastoca y ficcionaliza logrando la extraña paradoja de nuestro tiempo: se percibe más real el material transformado que el registro “en bruto” de los hechos. Los audios con las miles de anécdotas de soldados son ordenados cronológicamente para narrar este documental. Desde el reclutamiento hasta el enfrentamiento en campo de batalla y el regreso a sus hogares.

Las imágenes son registros del período mudo, por ende carecen de sonido y cuentan con una velocidad de proyección superior a la actual. De esta forma vemos el reclutamiento, entrenamiento y arribo a las trincheras. Una vez allí, la velocidad de las imágenes se ralentiza y “acomoda” al realismo actual, el color “pinta” los sucesos y el sonido -fundamental- completa con detalle el cuadro. Las imágenes de archivo “cobran vida”.

El director neozelandés ya había tenido una experiencia de manipulación con el falso documental Forgotten Silver (1997), que contaba la posible historia de que el cine “en realidad” había comenzado en Nueva Zelanda. Con Jamás llegarán a viejos también hace un truco de magia propio de los inventores del cine (el cine se colorea y sonoriza desde tiempos remotos) pero esta vez para transportarnos a los tiempos de la Gran Guerra en un viaje sensorial. Porque el director sabe que no importa mucho hoy en día la verdad detrás de lo mostrado sino la experiencia inmersiva, la vivencia sensorial que no requiere de un trabajo intelectual del espectador para compenetrarse con lo visto.

La sensación es la de estar presenciando la guerra aquí y ahora como un protagonista más. Porque el resultado es una de las mejores películas antibélicas de todos los tiempos. Los cuerpos mutilados que vemos -y sabemos reales- adquieren nombre por las voces de los protagonistas y el impecable trabajo con el sonido que relaciona los hechos. El espanto se materializa de manera monstruosa en la película, sintiéndose más real que la realidad misma.

Jamás llegarán a viejos es un acontecimiento. Escapa a las convenciones de ficción y documental para dar con un testimonio shockeante y conmovedor. Porque si bien la estructura del relato sigue ciertas convenciones, es el poder de la experiencia cinematográfica el que vuelve a este film singular.

8.0

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