Rolando Gallego
14/04/2019 23:58

Una vez más Baltazar Tokman (Buscando a Myu, Casa Coraggio) juega con los límites de los géneros y materiales expresivos en Sapos (2019), una película que trasciende las fronteras de la ficción y el documental, para construir un relato vívido y verosímil sobre, justamente, la verdad y la mentira.

Sapos

(2018)

Desconcertante por momentos, un laberinto de imágenes que se transforma en una amplificadora de sentidos y caminos de lectura, la disruptiva estructura narrativa del film posibilita una expectación activa que reconstruye el puzzle detrás de la investigación sobre un caso de manipulación genética que ni siquiera importa de quien se habla.

Tokman juega con los protagonistas inventados, los expone, los politiza, los convierte en sujetos de sentido a partir de la falsa construcción de experimentos genéticos que posibilitaron la transformación de personas en anfibios humanos que desandaron, como pudieron, sus vidas.

No importa que una joven CIS pida ser tratada en femenino o masculino, ni mucho menos que un stripper masculino pierda la razón dando explicaciones sobre su actividad a los suyos, sustento económico en tiempos de crisis ideológica y económica, ni mucho menos que la sobreviviente de un accidente cuente sus pesares post trauma, al contrario, todo suma para que la ecléctica galería de personajes active un universo único sobre la naturaleza humana, y con él, la imposibilidad de asir un único sentido al relato.

Tokman provoca, una vez más, y para los menos avezados y conocidos en el tema, algún director de cine muy laureado se presenta como pariente de uno de los analizados, y una actriz se muestra como una presentadora de la televisión Alemana, para aún mayor desconcierto del espectador.

Tal vez el artificio y la construcción sean solo parte de un mismo camino, el de buscar representar lo irrepresentable en el caos, multiplicando con colores y texturas una infinidad de lecturas, las que, al no ser unívocas transforman a Sapos en una experiencia única para aquel que la visite.

La inclasificable epopeya cinematográfica, supera la media de realizaciones locales, que saben que en la sucesión temporal se pueden conseguir lecturas mucho más eficientes que en aquellas dictaminadas por la intuición y el espasmo.

El sólido trabajo de montaje, además, replica la obra de un realizador que ha sabido navegar en la locura del ser humano, desnudando sus miserias, y, principalmente, construyendo una épica sobre el hombre y sus circunstancias que no posee comparación con otras propuestas.

Película que no será del agrado de todo el mundo, tal vez en justamente su expansión sensorial, es en donde Sapos encuentra su sentido y lo consolida, abriendo el juego a aquellos que buscan otras maneras de relacionarse con el cine, y, con esto, cambiar sus maneras de ver el mundo y reflexionar sobre él.

7.0

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