Emiliano Basile
10/04/2019 10:58

El director de Fitzcarraldo (1982) tiene la capacidad de tomar un documental convencional y convertirlo en una obra trascendente. Lo hizo con La cueva de los sueños olvidados (Cave of Forgotten Dreams, 2011) y lo hace con Meeting Gorbachev (2018) otra vez con financiación de History Channel.

Meeting Gorbachev

(2018)

Lo que podría haber sido un documental televisivo en manos de otro realizador, Herzog -junto con André Singer- lo transforma en una genialidad. En primer lugar gracias al carisma de su entrevistado Mijaíl Gorbachov, y en segundo, por la capacidad y el manejo de Herzog de la narración. Con respeto el veterano director alemán hace preguntas reflexivas a su entrevistado sin prescindir de los datos duros sobre su infancia y ascenso en la Unión Soviética hasta llegar a ser mandatario, aportando sutiles dosis de humor y emotivos momentos que engrandecen al personaje.

Herzog pinta a Gorbachov como un líder trágico. Es la premisa que maneja para retratar al último presidente de la Unión Soviética y el encargado de un proyecto difícil: hacer las reformas atrasadas que nadie se animó a realizar. La Perestroika, el desarme nuclear y la truncada democratización de la URSS.

Se percibe cierta admiración de Herzog por Gorbachov, no por su carisma sino por su procedencia. La primera pregunta que vemos en el film es si considera a los alemanes enemigos, siendo Herzog alemán y Gorbachov criado en plena guerra mundial del ejército rojo contra los nazis. La pregunta esconde otra arista, a nivel mundial tanto los alemanes como los rusos son los villanos de la historia bajo la óptica de Inglaterra y sobre todo, de Estados Unidos. Gorbachov tuvo que reunirse en infinidad de circunstancias con Margaret Thatcher y Ronald Reagan y, aunque llegaron a varios acuerdos internacionales, la difusión de los mismos a través de los medios fue otra. En ese lugar marginal catalogado de tibio fue depositado Gorbachov por los medios de comunicación, espacio del cual Herzog pretende rescatarlo. Una especie de justicia desde los márgenes hacia las grandes potencias con la que el director de Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972) se siente a gusto.

En medio de acuerdos y reuniones Herzog introduce reflexiones sobre la importancia de los cambios mundiales propiciados por el mandatario, su origen campesino y su profunda sensibilidad con la muerte de su mujer. Pasa de la emoción al reconocimiento siempre sosteniendo con su voz la narración pero con la inteligencia de saber correrse a un lado para darle el centro de la escena a su entrevistado.

Meeting Gorbachev no sólo reivindica al líder trágico, también emociona, reescribe la historia y reflexiona hacia el futuro en tiempos de Fake News. Siempre con la maestría para guiar la narración y manejar los pulsos del relato como sólo Herzog puede hacer.

9.0

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